Opinión
El rol docente en la “nueva normalidad”
Nota de opinión por Brian Richmond, docente e investigador.

Si hace 10 años, cuando yo era estudiante, me hubieran dicho que tendríamos una clase virtual no me lo habría creído. Me habría sonado muy futurista. Y sin embargo el futuro se precipitó y hoy estoy aquí, como docente, preparando mis clases virtuales.
Lo hago en la misma computadora que me regaló mi abuela en esa época, cuando ponía mis trabajos de la facultad en un pen drive y me iba al cyber a imprimirlos. Recuerdo que les pedíamos a lxs profes si no se lo podíamos mandar por mail; lo que nos resultaba más sencillo, más barato y más ecológico. Pero desde su concepción presentar un trabajo en otro formato que no sea papel no era presentarlo, como si la materialidad fuera la prueba irrefutable de toda existencia legítima.
Ahora el papel ya no solo nos resulta innecesario, molesto, precario, arcaico sino también riesgoso; como todo lo que transcurre de mano en mano. Pasamos de la idea de que lo que no se puede tocar no existe a la sospecha de que lo que se toca es una amenaza a la existencia.
La pandemia no inauguró la virtualidad, pero la volvió repentinamente obligatoria. Un proceso que debía ser paulatino y combinado se transformó en abrupto y exclusivo, y por lo tanto excluyente. Si el plan Conectar Igualdad no se hubiera interrumpido y durante estos últimos cinco años se hubiera ampliado y complementado con el tendido de fibra óptica, la situación probablemente sería otra. Prueba de ello es que la única conexión que tienen millones de hogares con el actual sistema educativo es gracias a una de esas computadoras.
Pero el neoliberalismo pasó y la distancia entre derechos formales y derechos efectivos, que en nuestro país nunca fue tan amplia en la educación como en otras áreas, se transformó ahora en un abismo digital. Y en el medio de ese abismo estamos lxs docentes tratando de tender puentes improbables: entre la institución y lxs estudiantes, entre el Estado y la Sociedad, entre la virtualidad y la materialidad.
Se supone que lxs trabajadores de la educación, como nexos generacionales, somos los encargados de lograr que los cambios estructurales de nuestra sociedad resulten menos traumáticos de lo que serían sin una intervención pedagógica. Tratamos de mediar entre el pasado y el presente para darles cierta continuidad y coherencia, y poder así construir futuro. Por lo tanto, estamos acostumbrados a lidiar con lo nuevo, lo que irrumpe, lo que disloca, lo que incomoda; y a conectarlo con nuestra historia, con nuestras tradiciones e identidades. Sin embargo, jamás habíamos asistido a una ruptura tan grande con nuestro pasado inmediato, y es probable que este abismo nos quede grande.
Asistimos a un contexto precario que precariza aún más nuestra labor y al mismo tiempo nos exige ingenio. Debemos reinventarnos, capacitarnos, replantearnos, equiparnos. Debemos llegar a todxs, sostener a todxs, contemplar a todxs. Debemos evaluarlxs pero sin evaluarlxs, tomarles examen pero sin examinarlxs, asegurar su asistencia sin asistencias. Qué ironía: ahora que por fin logramos prescindir de la armadura burocrática escolar nos sentimos vulnerables sin ella.
Pero por si esto fuera poco debemos elaborar un discurso coherente que le dé sentido a todo estecaos y convenza a lxs estudiantes de que se trata simplemente de una “nueva normalidad”. No hay contrasentido mayor que hablar de nueva normalidad, que es además un eufemismo, como todo oxímoron. Lo normal es lo que se presenta a la percepción como algo estático, asincrónico, inmutable; justamente por eso es “normal”. Lo nuevo irrumpe, interpela, desconcierta; justamente por eso no es “normal”. Pero se supone que es nuestra tarea docente normalizar lo insólito, intentando re-naturalizar una realidad social que se desmoronó. Llegamos siempre tarde, pues todavía estábamos tratando de lidiar en el aula con la modernidad líquida cuando esta se evaporó.
Probablemente el cambio más drástico que efectuó la pandemia en nuestro trabajo tuvo lugar en la dimensión del tiempo; ese gran invento moderno que lo regulaba, lo medía, lo cuantificaba, pero sobre todo lo limitaba. Ahora ya no sabemos cuándo estamos trabajando, cuándo nos estamos capacitando, cuándo nos estamos distrayendo y cuándo estamos descansando; puesto que todo eso ocurre en el mismo lugar: nuestra casa. Ya dijo Einstein que la percepción del tiempo es relativa al espacio. Sin las paredes escolares, ¿cómo voy a sentir yo que salgo del trabajo?
¿Cuándo llego finalmente a mi casa? ¡Si siempre estoy en ella! Otra gran ironía: ahora que ya no suena el timbre lo extrañamos, como el perro de Pavlov.
Quizás lo que más nos cueste aceptar es el cambio en la percepción del tiempo de nuestro propio
ser biológico, si es que existe tal cosa. Sentimos que la virtualidad nos avejenta antes de tiempo.
Nos hace más encorvados, más chicatos, más sedentarios, más desactualizados; hasta quizás también más nostálgicos, como si habríamos sido expulsados de un Edén de tiza del que siempre renegamos.
Y así estamos, aprendiendo a vivir en la incertidumbre, tal como nos había pedido el actual senador de cartón Bullrrich, cuando dirigía un Ministerio de Educación también de cartón. Ya pasaron cinco meses de excepción e inevitablemente nos acostumbramos a lo excepcional. Ya dijo Borges que por más extraña que parezca finalmente terminamos aceptando la realidad, acaso porque intuimos que nada es real.
A lo que nunca deberíamos acostumbrarnos es a la injusticia y la desigualdad que estructuran esa realidad. Por eso si ahora que el rey está desnudo nuestra tarea en la nueva normalidad consiste en distraer la atención del público mientras se le buscan nuevos disfraces, entonces nuestro rol docente es tan patético como el de un bufón.
La virtualidad en educación necesariamente profundiza las desigualdades porque las computadoras, los teléfonos y los gigas de internet no se encuentran tan bien distribuidos como los cuerpos. No era el guardapolvo blanco el que ocultaba las diferencias sociales sino el carácter democrático de los cuerpos en el aula, ya que nuestrxs estudiantes solo podían traer uno por persona. Además el pibe que iba a la escuela con hambre podía visibilizar su situación, interrumpiendo la normalidad institucional hasta tanto no se le consiga un plato de comida. El teatro de la realidad escolar se convertía así en un escándalo. Pero la virtualidad hace más difícil esa irrupción, sobre todo si ese pibe ni siquiera está conectado, y su existencia se desvanece. No podemos aceptar eso como nueva normalidad, porque no es más que la vieja adaptada, o sea, empeorada.
Por eso además de todos los desafíos que los docentes tenemos que enfrentar en pandemia, debemos hacerlo cargando con la culpa que trae la sospecha de que no es suficiente, de no estar pudiendo llegar a todxs. Y por eso también el magisterio se está arremangando, armando bolsones de comida y repartiendo junto con los cuadernillos, recolectando dispositivos de conexión y distribuyendo. La solidaridad es la clave en este contexto, pero incorporar esas tareas a la ya sobrecargada rutina docente supone también el riesgo de normalizarlas y delegarlas como nuestra responsabilidad.
Por eso creo que nuestra principal tarea docente en estos momentos, y que debe acompañar a todas las que ya nombré, es atentar contra la normalidad. Impedir que se re-naturalicen las desigualdades, que se rutinicen las exclusiones, que se romanticen las carencias. Impedir, en definitiva, que todo vuelva a la normalidad. Porque la normalidad era el problema.
Si la pandemia dejó al descubierto que los trabajadores esenciales son los peores pagos, que esta economía se paraliza si consumimos solo lo necesario, que la naturaleza agradece nuestro confinamiento, que miles de mujeres tienen a su agresor en casa, que la salud no puede estar mercantilizada, que el cuidado es un bien necesariamente social, y que la educación pública es probablemente la única mano que le tiende esta sociedad a lxs excluidxs; ¿Entonces no será que lo normal era una estafa?
Dejemos entonces que esta anormalidad nos interpele y pongamos nuestras clases a disposición de esa interpelación. Que nuestros estudiantes puedan dar sentido a sus desconciertos y angustias, un sentido que no los vuelva culpables de su situación ni los invite a aceptarla con resignación. Tirar juntxs de la punta del ovillo de la normalidad para que descubramos los hilos perversos que tejen la realidad social. Discutir la pobreza, discutir la riqueza, discutir la desigualdad, discutir el neoliberalismo. Discutir la realidad. Al fin y al cabo, ¿De qué otra manera podríamos tolerarla? ¿De qué otra manera podríamos enseñarla?
Brian Richmond
Docente e investigador
Opinión
La Encrucijada de la IA: Moda o Soberanía
Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

Estamos inmersos en un momento de avances exponenciales de la Inteligencia Artificial (IA). Esta carrera tecnológica, impulsada por el sector privado, genera nuevas oportunidades, pero también expone complejidades estructurales profundas en sociedades como la latinoamericana y la argentina en especial, agravadas ahora por el desfinanciamiento estatal.
Detrás de palabras y conceptos como costo, lucidez e inclusive debatiendo sobre la Paradoja de la Modernización, es crucial entender que no incorporar tecnología es, de hecho, más costoso que hacerlo. La adopción requiere una «lucidez estratégica»: un rediseño consciente y deliberado que entienda que lo que se hace se puede hacer mejor. Pero que de ninguna manera la IA reemplaza ni a las personas ni a sus responsabilidades.
Como dos caras de una moneda:
El sector privado actúa deliberadamente para maximizar la ganancia. Moderniza con celeridad, buscando mejorar procedimientos, presentándose a la vanguardia y el desarrollo, y poniendo en valor la IA.
El sector público, cuyo fin es social, a menudo responde al llamado de la modernización con el desfinanciamiento, con recorte y achicamiento. La negación a incorporar la IA transversalmente como tecnología que permita innovar, claramente es no estratégica, pues la sociedad ya la está utilizando, generando una distancia creciente entre ambos mundos.
Acá nos encontramos con el problema de la falsa dicotomía, la creencia simplista de que el privado es inherentemente más moderno y brillante. Esta visión es escasa, pues las personas en ambos sectores utilizan tecnología personal (smartphones, herramientas de IA como Gemini, ChatGPT, etc.).
La diferencia reside en la cultura organizacional: en el privado, la modernización se transparenta y premia; en el público, no está institucionalizada y a veces se castiga la desviación del proceso tradicional.
A no preocuparse, porque no todo es tan sombrío y acaso para evitar un futuro distópico, la solución reside en construir una soberanía tecnológica y digital más horizontal.
Esto nos propone:
Divulgación y Conocimiento: las sociedades y los individuos deben entender el impacto de la tecnología y la IA en todas las instituciones. Este conocimiento es la base para que los ciudadanos puedan defender, construir y validar las reformas necesarias.
Espacios de Co-creación: es imperativo crear espacios público-privados, liderados con la participación activa de la sociedad civil, tecnólogos, divulgadores y directores de proyectos.
Gobierno Abierto: estos espacios deben estar anclados en los principios de Gobierno Abierto: participación ciudadana, innovación, transparencia y rendición de cuentas.
Solo a través de esta colaboración estratégica y una ciudadanía informada, el Estado podrá evolucionar tecnológicamente no solo para sobrevivir, sino para construir un futuro donde la tecnología sirva a fines sociales amplios, y no solo a la maximización de la ganancia privada.
Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.
Opinión
¿Publicidad electoral gratuita? Para los medios, un costo que nadie reconoce
Nota de opinión por Emilio Occhionero, periodista y socio gerente de Medios Roquenses SRL.

En cada proceso electoral se repite la misma escena: los medios de comunicación legalmente habilitados recibimos órdenes y cronogramas para transmitir espacios de publicidad electoral gratuita. Y, como corresponde a la ley, cumplimos. Sin embargo, pocas veces se habla del costo real que este esquema implica para las radios locales como La Súper FM 96.3, que somos parte activa de la vida comunitaria de General Roca.
Es que a través de la Ley N° 26.571, se fijó la prohibición por parte de las agrupaciones políticas de adquirir espacios en medios de comunicación audiovisual para transmitir publicidad electoral. A raíz de ello, debemos disponer de los espacios asignado mediante sorteo público durante el período de campaña en medios audiovisuales. En otras palabras, financiamos a los partidos políticos.
Y a nosotros, ¿quién nos financia? Muchas veces me preguntaron, ¿las radios de que viven? Vivimos de la publicidad, esa que se escucha cada vez que el conductor de un programa dice vamos a la pausa y volvemos. Si, esos minutos de aire, son los que nos permiten vivir día a día, pagar salarios, servicios e impuestos.
Nuestra emisora –como tantas otras del país– atraviesa un contexto económico crítico. Las tarifas de electricidad y gas aumentan, los impuestos como los de la utilización del éter radial, también. No existen beneficios específicos para los medios, y la pauta publicitaria oficial del gobierno nacional se redujo a cero, como lo dijo el presidente Javier Milei desde el día que asumió. En definitiva, debemos sostener estructuras, personal, equipos y servicios casi sin ingresos fijos, con costos crecientes y sin apoyos estatales.
En ese escenario, la obligación de dar minutos de programación para publicidad electoral gratuita es, en realidad, un esfuerzo económico que sale directamente del bolsillo de los propios medios. Es tiempo que dejamos de vender a anunciantes privados, es contenido que dejamos de producir y, en definitiva, es dinero que dejamos de ingresar. Así, terminamos financiando involuntariamente la campaña de los mismos dirigentes que luego deciden sobre tarifas, beneficios y regulaciones para el sector, incluso que determinan sus propios aumentos salariales.
No cuestionamos el derecho de los partidos políticos a difundir sus propuestas. Por el contrario, somos espacios abiertos al debate democrático. Pero la actual normativa necesita una revisión urgente: si el Estado exige transmisión obligatoria, también debe reconocer los costos y garantizar algún tipo de compensación, pauta o beneficio fiscal que equilibre la carga.
De otro modo, las emisoras locales, sobre todo, quedamos en una situación asfixiante y desigual frente a otros actores mediáticos que no tienen estas obligaciones.
Es hora de discutir con seriedad un sistema que permita sostener tanto la pluralidad de voces como el derecho de la ciudadanía a informarse. Las radios comerciales locales y comunitarias no podemos seguir soportando solas un gasto que no generamos y que, además, compromete nuestra supervivencia. La Democracia necesita medios fuertes e independientes, no medios debilitados por normativas que, aunque bienintencionadas, terminan siendo injustas.
Emilio Occhionero
Periodista – Socio gerente de Medios Roquenses SRL, propietaria de LRG 746 La Super Radio FM 96.3 y www.lasuperdigital.com.ar
Opinión
Educación: Entre forma y contenido, entre ser y aparecer, realidad y ficción
Nota de opinión por Omar Medina, docente jubilado.

Sr. Gobernador: En mi carácter de ciudadano elevo la presente a Ud., con el fin de hablar seriamente sobre Educación. No pretendo caer en formalidades, sino analizar los resultados fácticos sobre el particular. No es mi intención enredarme en discursos formales que -así como la vemos hoy- hagan referencia a los logros educativos donde no se perciben deserciones ni desgranamientos, toda vez que eso ocurre sólo en el plano de lo formal, en la realidad, lo que se ve es el trato del educando como “dibujo animado”: sólo existe en el papel. En lo fáctico, si abandona, si deja de ir por largo tiempo, no importa. Mientras siga figurando en las planillas… esto es útil al Estado para garantizar la Educación Perfecta. La Estadística ejemplar.
Entonces, propongo hablar seriamente lo que significa EDUCACIÓN, como FINALIDAD, como apropiación de la Naturaleza Interna, y no como MEDIO de apropiación de la Naturaleza Externa (economía) observado esto en la Institución Escuela como garante de ESCOLARIZACIÓN, o GUARDA, como depósito y cuidado de niños y adolescentes en establecimientos para su interacción y socialización, pero con nula exigencia en cuanto a su formación académica. Y con la única finalidad de garantizar sueldos, y garantizarse los subsidios para Educación.
Usted se comprometió (en 2017) que al finalizar la primera promoción de la ESRN se iba a hacer una evaluación INTEGRAL de sus resultados, hecho que debería haberse concretado en 2021, y no se ha realizado. Se han quedado sólo con el dato formal, estadístico de una escuela perfecta, donde nadie queda libre ni repite, pero, vuelvo a reiterar, eso no se ve en la práctica.
Desde una mirada desde el llano, lo que se puede apreciar es que han extendido el sistema de Educación Inicial, a los otros dos. Hagamos un poco de historia para fundamentar lo dicho:
ANTECEDENTES:
1) Hasta el año 2008, el estudiante de Nivel Medio debía tener una asistencia regular en la escuela para no quedar libre, no desertar, y no adeudar más de dos materias para pasar al curso siguiente. En el primer caso, el Régimen de Inasistencias -reflejado en la Resolución que aparecía detrás de los boletines rosados- expresaba que a las quince (15) inasistencias, el estudiante quedaba libre, y se le daba una reincorporación automática, pero en lo formal, los padres y/o tutores debían firmar el trámite de la reincorporación. Luego de las veinticinco (25) inasistencias, sólo si tenía diecisiete (17) ausencias respaldadas por certificado médico, se lo reincorporaba por segunda vez, hasta las 30 inasistencias. Luego, directamente perdía la regularidad. Por otro lado, el BID, como institución que garantizaba (y garantiza) subsidios para Educación observó -como órgano de control sobre el dinero que entregaba de ese modo- una irregularidad: había mucha deserción en el Sistema. Allí se gesta el primer cambio, con la TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA (implementada en 2010). La actividad áulica no se modificó mucho, pero el Régimen de Inasistencia DESAPARECIÓ. El Estudiante ya no quedaba libre. Ya no había deserción.
2) Pero esta corrección de una variable, no tuvo en cuenta la incidencia en otras, y aquí aparece la segunda irregularidad, que pone en evidencia el divorcio del Sistema entre lo Formal y lo Fáctico. Porque el estudiante seguía faltando, otros directamente abandonaban la escuela, pero, como no quedaban libres, a fin de año había que cerrarle notas. LA ANOMALÍA: Si de un curso ingresan 30 alumnos, abandonan 12, y 3 de ellos repiten de año, la estadística da asistencia plena, pero ese curso tenía un 50% de desgranamiento.
3) Allí es que, cuando se les hace notar de parte de este organismo de control que es al mismo tiempo el que subsidia el Sistema Educativo, el tema del desgranamiento, en vez de hacer los ajustes necesarios para garantizar una mejor educación, y rendirle cuentas a la ciudadanía, deciden ajustar en las formalidades, y dejar en lo fáctico, a los educandos a merced de su voluntad, convirtiendo, u organizando a la Educación como proyección de Educación Inicial. Así como el niño asiste a sala de 4 y sala de 5 por cronología, así hacen con el nivel primario (que ya venía con el sistema de no repitencia, a tal punto de recibir en 1° año del secundario niños que no saben leer y escribir) y el Nivel Medio. Nace la ESRN, donde los adolescentes transitan de Primero a Quinto año, del mismo modo que de Sala de 13 a Sala de 17.
DESARROLLO:
Queda demostrado en los antecedentes, que se usa a Educación como bien de cambio, como MERCANCÍA, y no como INVERSIÓN para garantizar la correcta formación e instrucción de un ciudadano pleno, con inserción social y con posibilidades de acceso al Nivel Superior. En mi caso, siempre he mantenido la afirmación de que la EDUCACIÓN es un FIN en sí misma, no un MEDIO para conseguir empleo, o dividendos de la banca internacional. Sin embargo, en la mayoría de los casos he oído, de parte de los garantes de la igualdad y la inclusión, respuestas relacionadas a esto último. Y aquí es donde también he expresado que, de ese modo, se sigue fomentando lo que se quiere combatir a través de la obligación de la Educación Media: la mano de obra barata. Eso sí. Con título secundario. Y ahí es, también, donde se invierte la visión respecto a Educación. Se la ve como un GASTO.
Los tres pilares de la Comunidad Educativa, presuntamente se sienten cómodos con este sistema, dado que 1) para los padres, lo importante es que el estudiante no repita. Ya quedó demostrado en el pasado, cuando en el año 1995, ante la falta de pago por tres meses, la emisión de bonos que al cambio se devaluban a un 60%, y por los paros realizados, los estudiantes corrían el riesgo de perder el año. En ese momento los padres marchaban junto a los docentes para garantizar la Educación de sus hijos, pero, cuando el Gobernador anuncia que los Estudiantes ese año aprobarán por decreto, automáticamente ya no importaba la Educación, ya estaba garantizado el pasar de año, a pesar de lo educativo. 2) Es muy común que cuando el gremio docente organiza un paro, se planteen varios temas, y sea el último el de mejora salarial, ahora, si el gobierno soluciona (de una demanda de ocho temas) los siete primeros, pero no aumenta los sueldos, el gremio sigue con la medida de fuerza. Ahora, si aumentan el sueldo y no resuelven los siete ítems anteriores… eso puede esperar. Hay que volver a clase, aunque los baños estén tapados, las ventanas sin vidrios, y los calefactores rotos. Este hecho lo viví personalmente como papá de la Escuela Primaria N° 128; 3) Por último, de parte del Gobierno, se evidencia que antes que la formación académica de los educandos para que puedan insertarse en estudios superiores y formarse como Profesionales, está más preocupado por las Estadísticas, para rendirle cuentas al BID sobre la conveniencia de seguir recibiendo subsidios. En todos los casos, el estudiante es cosificado, manipulado como datos para una simple estadística, y usado como rehén en el conflicto entre Gremio/Gobierno. En definitiva, me atrevo a decir: es un dibujo animado, que tiene sólo existencia en el papel. Aunque no vaya, aunque tenga problemas para apropiarse de ciertos saberes, aunque… mientras figure para las estadísticas será premiado con otro papel: el título secundario. Pero si quiere conseguir trabajo, le exigen secundario terminado, y ahí recién se desayuna que el egreso no sirve de nada. Y si su intención es seguir una carrera Universitaria, se da cuenta que no tiene los saberes acordes a un ingresante de Estudios Superiores. He oído -también- solicitar a las Universidades se ajusten a la Nivelación hacia abajo que se hacen con los sistemas básicos. Pero de ser así, mi hipótesis es que quien estudie medicina se convertirá en un curandero con título profesional.
No quiero centrar la discusión con el modo de obrar de los educandos, en virtud de que, por una cuestión cronológica, y de la conformación de su personalidad, aún no tienen en claro las consecuencias de sus actos. Como dije siempre, los chicos son chicos. Detrás de ellos, los adultos responsables (llámese padres/tutores, docentes, gobernantes) tenemos toda la responsabilidad de garantizarle una formación académica adecuada para su futuro. Pero, en vez de hacer hincapié en eso, preferimos -como burócratas- garantizar las estadísticas, -como profesionales en educación- convertirnos en simples asalariados, y como padres, en fieles creyentes que lo externo (un papel, un título) garantiza lo interno (el conocimiento, el portar las herramientas que harán -de los futuros ciudadanos- hombres libres, con principios y con valores).
Ahora, plantear un sistema de emergencia puede ser un recurso válido mientras se sanean otros problemas, pero ENALTECER LA DOCTRINA DEL FRACASO, pretendiendo llevar el modelo totalmente obsoleto de la ESRN, a las Técnicas, es un DESPROPÓSITO que no se puede presuponer como un equívoco viniendo de los Funcionarios que tienen la OBLIGACIÓN de gobernar para garantizar un buen presente y un mejor futuro para los ciudadanos Rionegrinos, y que tienen una formación y el conocimiento para entender que no pueden convertir el aspecto intrínseco de la Naturaleza Humana (el Mundo Simbólico, la Educación) que garantiza la evolución científica de la humanidad, en simple MERCANCÍA, empleando las Estadísticas para interactuar con organismos de préstamos y subsidios. Es bien sabido que las Garantías que ofrecen desde los distintos estamentos de Educación en relación al presunto acompañamiento de los Egresados es una FALACIA. Una vez que el educando sale de Sala de 17, es abandonado a su suerte. Se les da un correo electrónico para comunicarse con los espacios que adeuda y, frecuentemente, si el establecimiento tiene docentes disponibles que puedan orientarlo (siempre y cuando no esté cubriendo cursos en horas libres) recibirá una respuesta con el tiempo. No pueden ir personalmente, los educadores están abocados a los cursantes, y ellos pasan inadvertidos, son invisibilizados.
Uno de los aspectos que más fue atacado en el Sistema Educativo en las últimas décadas, fue la MERITOCRACIA. Cuando la Ideología momentánea tangentea e influye en organismos Estructurales como es Educación, pasan estas cosas. Pero, en ese actuar ideológico también se aplicaba la doble moral, el doble discurso. Resulta que el Estado debe formar en igualdad, sin meritocracia, donde no hay unos más competentes que otros, donde la igualdad ante la ley desaparece cuando se plantea la idoneidad como algo no deseado (producto del mérito), entonces aparecen los acomodos por afinidad. Pero, en Educación, para obtener un cargo, y aplicar para los jerárquicos, se deben reunir requisitos propios de la MERITOCRACIA, allí no somos todos iguales como les enseñamos a los educandos, allí, el Mérito de ser Docente está tres puntos arriba del ser Habilitante y seis arriba del Supletorio. Entonces, un estudiante de la ESRN que decide formarse en Educación, se encuentra que 1) como educando, le enseñaron que el mérito no es válido; 2) como educador, le exigen mérito para los cargos que desee cubrir (aparte de la especificidad). 3) Cuando se enfrenta a esta realidad, descubre el ENGAÑO. Y ya es tarde.
Omar B. MEDINA
DNI: 14.937.370
Docente jubilado








