Judiciales
Un banco y una aseguradora deberán indemnizar a un cliente por descontarle un seguro que nunca contrató
Otra vez la empresa SURA en el ojo de la tormenta. La suma alcanza los $97.000 más intereses.

“La información no fue cierta, clara y detallada, ni proporcionada de forma tal que permita su comprensión”. Con esa afirmación, un fallo de menor cuantía dictado en el Juzgado de Paz de Río Colorado condenó a dos empresas a indemnizar a un hombre por haberle descontado dinero de un seguro que él nunca supo que contrató. “Aunque hubiera reconocido su firma” no fue “una contratación en forma libre y voluntaria” porque no se le brindó “la información suficiente para la celebración del contrato, ni para la conformación del consentimiento en cuanto al desarrollo del mismo”, concluyó la jueza de Paz.
La demanda fue iniciada por un agente de la Policía de Río Negro, quien percibe sus haberes a través del Banco Patagonia. Cuando en 2019 descubrió unos descuentos desconocidos en su caja de ahorro, el hombre fue al banco en busca de información. Así supo que llevaba varios años soportando el pago mensual de un seguro de la empresa SURA contra “robos en cajeros automáticos” que él jamás había contratado.
Enseguida, el cliente inició los reclamos administrativos en la sucursal bancaria de Río Colorado, pero no recibió respuestas favorables. Y a pesar de que en noviembre de 2019 pidió por nota formal a SURA la baja del seguro, se lo siguieron descontando hasta enero de 2021.
En su demanda, el hombre reclamó la devolución de más de $5.000 descontados sin su consentimiento, además de una reparación por daño moral y la aplicación de una multa por daño punitivo, tal como prevé especialmente la Ley de Defensa del Consumidor para los casos en que un proveedor “no cumpla sus obligaciones legales o contractuales con el consumidor”.
En este caso, la jueza de paz Daniela Alberdi consideró probado que “las conductas llevadas a cabo por las demandadas resultan displicentes para con el cliente, y las respuestas desprovistas de atención y trato digno”. “Han incumplido las obligaciones legales previstas en los Arts. 4,8 y 35 de la Ley de Defensa del Consumidor, que regulan el derecho a la información del consumidor y las condiciones contractuales, especialmente la de oferta”, sostuvo.
El fallo destacó que ninguna de las dos empresas logró probar que el hombre haya firmado la solicitud de alta del seguro y que, aún siendo cierto que firmó, no le entregaron copia de la póliza, no le explicaron las condiciones y alcances de la cobertura, no le enviaron las renovaciones anuales ni lo notificaron cuando la aseguradora cambió de nombre.
La condena contra la aseguradora y la entidad bancaria -que operó como agente institorio para el contrato y el cobro del seguro- fue por un total de $97.000, a los que se deberán sumar los intereses acumulados. De ese total, $50.000 corresponden al daño punitivo y $42.000 al daño moral. Este último se fundamentó en que el cliente “se vio obligado a realizar reiterados reclamos por diversos medios”, en tanto que a nivel familiar, según declaró una testigo, la situación generó “angustia, bronca, porque no puede ser que te pongan un seguro que ni siquiera sabes qué cubre y nunca lo solicitaste”.
Judiciales
Un grupo de WhatsApp para organizar las camperas de egresados terminó en un conflicto entre familias que se resolvió en mediación
Los intercambios incluyeron insultos, burlas y mensajes ofensivos entre estudiantes de una escuela primaria.

Lo que comenzó como una conversación entre estudiantes de sexto grado de una escuela primaria del Valle Medio terminó en un conflicto entre familias. El problema surgió en un grupo de WhatsApp creado para organizar las camperas de egresados, donde se intercambiaron mensajes ofensivos, insultos y burlas. Aunque los chicos ya habían superado sus diferencias, tres madres participaron de una mediación extrajudicial y asumieron compromisos para prevenir nuevos episodios y favorecer la convivencia dentro y fuera de la escuela.
El grupo de mensajería había sido creado para coordinar la confección de las camperas que los estudiantes utilizarían como parte de su último año de primaria. Sin embargo, las conversaciones derivaron en intercambios ofensivos entre algunos de sus integrantes y el conflicto trascendió el ámbito escolar. A raíz de una denuncia presentada ante el Juzgado de Paz, el caso fue derivado al Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC).
La mediación extrajudicial estuvo a cargo de un mediador oficial de la segunda circunscripción judicial y reunió a las tres madres, dos de manera presencial y una en forma virtual. El encuentro permitió que las propias familias dialogaran sobre lo ocurrido, sus responsabilidades y las medidas necesarias para evitar que situaciones similares afectaran nuevamente a sus hijos.
Las participantes reconocieron que los hechos habían sucedido y coincidieron en que existían mecanismos de diálogo más apropiados para abordar las diferencias, incluso dentro de la propia escuela. También señalaron que la relación entre los estudiantes ya se había normalizado y que no se habían registrado nuevos episodios de conflicto.
El acuerdo, por lo tanto, no se limitó a dar por superado el enfrentamiento. Las madres asumieron el compromiso de prestar mayor atención a sus deberes de cuidado, educación y protección integral de sus hijos, con el propósito de prevenir nuevas situaciones de violencia o discriminación y promover relaciones basadas en el respeto.
Las tres coincidieron en la necesidad de adoptar acciones positivas que contribuyan a la convivencia pacífica tanto en la escuela como fuera de ella. El compromiso compartido apuntó a fortalecer el diálogo entre las familias, acompañar las relaciones entre los niños y favorecer la paz social en la comunidad educativa.
Al finalizar el encuentro, las madres agradecieron la intervención del servicio de mediación y dieron por concluido el conflicto. Posteriormente, ratificaron lo acordado y expresaron su conformidad con los compromisos asumidos.
Judiciales
Usaba auriculares, no escuchó a su jefe y recibió una sanción de la Justicia
La empleada cumplía funciones de atención al público y ya había recibido advertencias por el uso de auriculares. El tribunal consideró que su conducta afectó el funcionamiento del servicio.

El Superior Tribunal de Justicia (STJ) aplicó un apercibimiento con anotación en el legajo a una empleada judicial que utilizaba auriculares durante su jornada laboral, pese a haber recibido advertencias anteriores. La trabajadora cumplía funciones de atención al público y recepción de personas, tareas que requerían interacción permanente con usuarios y compañeros.
El episodio comenzó cuando el funcionario a cargo de la dependencia intentó comunicarse con ella en reiteradas oportunidades para encomendarle tareas, pero no obtuvo respuesta. Al acercarse a su escritorio, advirtió que tenía auriculares colocados en ambos oídos. Una compañera también debió hacerle señas para alertarla sobre la presencia de su superior.
El funcionario le tocó el hombro para captar su atención y le recordó que no debía utilizar auriculares durante el horario laboral. La empleada respondió que esa práctica no estaba prohibida. Sin embargo, momentos después ingresó al despacho de su superior y cuestionó el llamado de atención en un tono elevado. Argumentó que necesitaba los auriculares para concentrarse y que quienes quisieran hablarle debían ubicarse frente a su escritorio.
La situación ocurrió mientras había usuarios en el sector de atención. Las declaraciones de otros trabajadores permitieron reconstruir lo sucedido y confirmaron que la empleada ya había recibido advertencias previas.
Tras la apertura de un sumario administrativo, la trabajadora ejerció su derecho de defensa y cuestionó la valoración de las pruebas. Al resolver, el STJ aclaró que no existe una norma que prohíba expresamente el uso de auriculares, pero consideró que su utilización afectó el cumplimiento de las tareas y la disponibilidad requerida para el servicio.
El tribunal también cuestionó el tono y la forma en que la trabajadora se dirigió a su superior. No obstante, valoró que posteriormente ofreciera disculpas y que no registrara antecedentes disciplinarios.
Judiciales
Después de 20 años sin verse, un padre y su hija se reencontraron en una mediación
El encuentro se produjo en el marco de un reclamo para sostener los estudios terciarios de la joven. Además de alcanzar un acuerdo alimentario, padre e hija pudieron conversar, abrazarse y retomar el contacto.

Una joven de 21 años se presentó en el Centro de Atención de la Defensa Pública (CADEP) para solicitar que su padre colaborara económicamente con el sostenimiento de sus estudios terciarios. Sin embargo, la mediación terminó convirtiéndose en una oportunidad para reencontrarse después de aproximadamente 20 años sin verse.
La joven llegó acompañada por su madre y, en un primer momento, la intervención se desarrolló en salas separadas. Durante la reunión, explicó cuáles eran sus necesidades, cómo era su carrera y por qué había recurrido a esa instancia. Por su parte, el padre realizó un ofrecimiento concreto y pidió poder hablar con su hija.
Ante esa situación, las defensoras intervinientes les propusieron compartir un espacio a solas, sin abogados de por medio. Ambos aceptaron y se sentaron juntos en una de las salas del Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC).
El encuentro se prolongó durante un tiempo considerable. Cuando las profesionales volvieron a ingresar, encontraron a padre e hija abrazados y llorando.
Según explicó una de las representantes de la Defensa Pública, esos minutos, que fueron posibles a partir de una necesidad concreta de la joven para continuar sus estudios, abrieron una posibilidad para recomponer el vínculo familiar.
Durante la reunión, ambos intercambiaron sus números de celular y acordaron coordinar un encuentro para tomar un café. De acuerdo con lo informado por las defensoras, ese contacto comenzó a sostenerse desde que salieron de la mediación.
En cuanto al reclamo económico, las partes acordaron que el padre destinará un porcentaje del beneficio previsional que percibe. Para instrumentar lo convenido, se dispuso la apertura de una cuenta judicial y se ofició a la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) para que se realice la retención voluntaria acordada en concepto de prestación alimentaria para su hija.









