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Podrá quedarse en la casa que heredó, pero tiene que limpiar la chatarra

En el inmueble funciona actualmente un comercio y un taller de motos. 

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Foto: Archivo.

Un hombre que utiliza el garaje de una propiedad heredada tendrá que limpiar el predio para que sus hermanos accedan a la vivienda. La acumulación de chatarra impedía el ingreso a las dependencias de la casa y por eso se judicializó el caso. En el inmueble de Cipolletti funciona un comercio y un taller de motos.

La sucesión tramita en un Juzgado Civil de Cipolletti con siete herederos y herederas: cuatro hijos del matrimonio fallecido y dos nietas. Una de esas personas continuó en el inmueble después de la muerte de sus progenitores y habilitó un taller de motos en el garaje. Con el paso del tiempo empezó a acumular chatarra. En otro sector de la propiedad, otra de las herederas puso a funcionar un comercio.

Surgió de la constatación que en el patio de ingreso y en la terraza se observan varias motos de distinta cilindrada y cuadros de motos en desuso y sin funcionar. Que se puede ingresar a un living comedor en total estado de abandono y que desde ese lugar existen tres puertas que se encuentran con llave y potencialmente desde el patio descubierto se ve otra puerta que también se encuentra con llave. Al ingresar al lugar por la mano izquierda se accede a un local comercial. También se observa desde la vereda que al lado se encuentra un portón que da ingreso a un taller mecánico desde el cual se accede al resto de las dependencias que se encuentran cerradas.

Cuando los herederos hicieron el reclamo por la acumulación de chatarra, una primera orden del juzgado Civil intimó al hombre a retirar los escombros que impiden el acceso a las distintas dependencias de la vivienda.

Una segunda decisión concluyó que la presencia de chatarra y escombros obstaculizaban la entrada de los restantes coherederos a la propiedad. Esa circunstancia impedía claramente el uso y, asimismo, desnaturalizaba el destino de la vivienda, ya que nadie habita el lugar y tampoco puede ser usufructuada con esa función. Por esos motivos se ordenó al heredero desocupar el inmueble. De todos modos el hombre apeló la decisión.

El tribunal que revisó las actuaciones coincidió en el hecho de que el inmueble estaba siendo utilizado para un destino distinto al de vivienda. Por ello se sostuvo que el demandado podrá ejercer su derecho de uso y goce en la medida que sea compatible con el derecho de los otros copartícipes. 

Sobre la base de esa premisa el fallo estableció que el heredero debe adecuar las condiciones del inmueble así como disponer lo necesario (limpieza, desocupación de espacios comunes, liberación del acceso) y todo aquello que habilite el uso del bien en condiciones adecuadas y razonables de conformidad a sus características para que los demás coherederos puedan hacer efectivos sus derechos como coposeedores del inmueble.

Se le otorgó un plazo de 30 días para posibilitar el uso del mismo conforme al destino vivienda y permitir que los demás herederos ejerzan sus derechos sobre la propiedad.

Judiciales

Un grupo de WhatsApp para organizar las camperas de egresados terminó en un conflicto entre familias que se resolvió en mediación

Los intercambios incluyeron insultos, burlas y mensajes ofensivos entre estudiantes de una escuela primaria.

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Lo que comenzó como una conversación entre estudiantes de sexto grado de una escuela primaria del Valle Medio terminó en un conflicto entre familias. El problema surgió en un grupo de WhatsApp creado para organizar las camperas de egresados, donde se intercambiaron mensajes ofensivos, insultos y burlas. Aunque los chicos ya habían superado sus diferencias, tres madres participaron de una mediación extrajudicial y asumieron compromisos para prevenir nuevos episodios y favorecer la convivencia dentro y fuera de la escuela.

El grupo de mensajería había sido creado para coordinar la confección de las camperas que los estudiantes utilizarían como parte de su último año de primaria. Sin embargo, las conversaciones derivaron en intercambios ofensivos entre algunos de sus integrantes y el conflicto trascendió el ámbito escolar. A raíz de una denuncia presentada ante el Juzgado de Paz, el caso fue derivado al Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC).

La mediación extrajudicial estuvo a cargo de un mediador oficial de la segunda circunscripción judicial y reunió a las tres madres, dos de manera presencial y una en forma virtual. El encuentro permitió que las propias familias dialogaran sobre lo ocurrido, sus responsabilidades y las medidas necesarias para evitar que situaciones similares afectaran nuevamente a sus hijos.

Las participantes reconocieron que los hechos habían sucedido y coincidieron en que existían mecanismos de diálogo más apropiados para abordar las diferencias, incluso dentro de la propia escuela. También señalaron que la relación entre los estudiantes ya se había normalizado y que no se habían registrado nuevos episodios de conflicto.

El acuerdo, por lo tanto, no se limitó a dar por superado el enfrentamiento. Las madres asumieron el compromiso de prestar mayor atención a sus deberes de cuidado, educación y protección integral de sus hijos, con el propósito de prevenir nuevas situaciones de violencia o discriminación y promover relaciones basadas en el respeto.

Las tres coincidieron en la necesidad de adoptar acciones positivas que contribuyan a la convivencia pacífica tanto en la escuela como fuera de ella. El compromiso compartido apuntó a fortalecer el diálogo entre las familias, acompañar las relaciones entre los niños y favorecer la paz social en la comunidad educativa.

Al finalizar el encuentro, las madres agradecieron la intervención del servicio de mediación y dieron por concluido el conflicto. Posteriormente, ratificaron lo acordado y expresaron su conformidad con los compromisos asumidos.

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Usaba auriculares, no escuchó a su jefe y recibió una sanción de la Justicia

La empleada cumplía funciones de atención al público y ya había recibido advertencias por el uso de auriculares. El tribunal consideró que su conducta afectó el funcionamiento del servicio.

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El Superior Tribunal de Justicia (STJ) aplicó un apercibimiento con anotación en el legajo a una empleada judicial que utilizaba auriculares durante su jornada laboral, pese a haber recibido advertencias anteriores. La trabajadora cumplía funciones de atención al público y recepción de personas, tareas que requerían interacción permanente con usuarios y compañeros.

El episodio comenzó cuando el funcionario a cargo de la dependencia intentó comunicarse con ella en reiteradas oportunidades para encomendarle tareas, pero no obtuvo respuesta. Al acercarse a su escritorio, advirtió que tenía auriculares colocados en ambos oídos. Una compañera también debió hacerle señas para alertarla sobre la presencia de su superior.

El funcionario le tocó el hombro para captar su atención y le recordó que no debía utilizar auriculares durante el horario laboral. La empleada respondió que esa práctica no estaba prohibida. Sin embargo, momentos después ingresó al despacho de su superior y cuestionó el llamado de atención en un tono elevado. Argumentó que necesitaba los auriculares para concentrarse y que quienes quisieran hablarle debían ubicarse frente a su escritorio.

La situación ocurrió mientras había usuarios en el sector de atención. Las declaraciones de otros trabajadores permitieron reconstruir lo sucedido y confirmaron que la empleada ya había recibido advertencias previas.

Tras la apertura de un sumario administrativo, la trabajadora ejerció su derecho de defensa y cuestionó la valoración de las pruebas. Al resolver, el STJ aclaró que no existe una norma que prohíba expresamente el uso de auriculares, pero consideró que su utilización afectó el cumplimiento de las tareas y la disponibilidad requerida para el servicio.

El tribunal también cuestionó el tono y la forma en que la trabajadora se dirigió a su superior. No obstante, valoró que posteriormente ofreciera disculpas y que no registrara antecedentes disciplinarios.

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Después de 20 años sin verse, un padre y su hija se reencontraron en una mediación

El encuentro se produjo en el marco de un reclamo para sostener los estudios terciarios de la joven. Además de alcanzar un acuerdo alimentario, padre e hija pudieron conversar, abrazarse y retomar el contacto.

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Una joven de 21 años se presentó en el Centro de Atención de la Defensa Pública (CADEP) para solicitar que su padre colaborara económicamente con el sostenimiento de sus estudios terciarios. Sin embargo, la mediación terminó convirtiéndose en una oportunidad para reencontrarse después de aproximadamente 20 años sin verse.

La joven llegó acompañada por su madre y, en un primer momento, la intervención se desarrolló en salas separadas. Durante la reunión, explicó cuáles eran sus necesidades, cómo era su carrera y por qué había recurrido a esa instancia. Por su parte, el padre realizó un ofrecimiento concreto y pidió poder hablar con su hija.

Ante esa situación, las defensoras intervinientes les propusieron compartir un espacio a solas, sin abogados de por medio. Ambos aceptaron y se sentaron juntos en una de las salas del Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC).

El encuentro se prolongó durante un tiempo considerable. Cuando las profesionales volvieron a ingresar, encontraron a padre e hija abrazados y llorando.

Según explicó una de las representantes de la Defensa Pública, esos minutos, que fueron posibles a partir de una necesidad concreta de la joven para continuar sus estudios, abrieron una posibilidad para recomponer el vínculo familiar.

Durante la reunión, ambos intercambiaron sus números de celular y acordaron coordinar un encuentro para tomar un café. De acuerdo con lo informado por las defensoras, ese contacto comenzó a sostenerse desde que salieron de la mediación.

En cuanto al reclamo económico, las partes acordaron que el padre destinará un porcentaje del beneficio previsional que percibe. Para instrumentar lo convenido, se dispuso la apertura de una cuenta judicial y se ofició a la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) para que se realice la retención voluntaria acordada en concepto de prestación alimentaria para su hija.

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