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Opinión

A 40 años, 10 deudas pendientes de la Democracia

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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En estos 40 años de la recuperación de la democracia hemos tenido 11 presidentes constitucionales en Argentina. Dos de ellos (Carlos Saúl Menem y Cristina Fernández de Kirchner) repitieron su mandato, encontrando otros casos en que han abandonado el gobierno, han asumido con anticipación, por la asamblea legislativa y/o por la ley de acefalía.

Han gobernado partidos únicos, en coaliciones y frentes electorales, todo ellos implementaron los planes que en el momento y bajo las condiciones propias, consideraron oportunos.

Sin pretender ser taxativo, ni ahondar en grandes debates, traigo a continuación algunos puntos para la reflexión. No se presentan ordenados, pero en su desarrollo deberían trabajarse unos y otros a la vez para surtir algún efecto. Se ofrecen, en tanto deudas pendientes de y en una democracia joven, latinoamericana y de “baja intensidad”, en palabras de O´Donnel.

 1. Necesidad de fortalecer, repensar y participar el Estado

No pareciera importar qué espacio político fuera a asumir, ya que siempre el tamaño, el funcionamiento, la composición y la eficiencia y eficacia del estado, se encuentran bajo la lupa.

Pareciera haber dos estrategias para abordar el asunto, una que pregona abiertamente la incapacidad de un estado gigante, bobo, estático y costoso para dar respuestas a las demandas de la ciudadanía; frente a otra que pretende repensar los espacios y reconfigurar su funcionamiento en relación directa y estrecha con las funciones que deba desarrollar para atender las demandas de una sociedad cada vez más compleja y atomizada.

En cualquiera de los casos, las vinculaciones con la academia, los centros de investigación, las asociaciones profesionales que investigan sobre el estado, parecieran insuficientes o incapaces de generar una agenda que posibilite una reflexión profunda sobre el deber ser de un estado existente y muchas veces único garante y sostén de los derechos y situaciones en los bordes, de gran parte de la sociedad.

Esperamos que, en esta nueva etapa, la convocatoria a repensar el estado sea amplia, y que haya participación de quienes pretenden dar sus mejores años y esfuerzo en servicio de las/os otras/os; en este espacio sindicatos, centrales obreras, profesionales de distintos campos (incluidas/os las/os mismos empleados públicos) tendrán mucho que aportar. Esperemos que la clase de estado que se diseñe sea con todas/os y que las propuestas de su mejora, fortalecimiento y nuevas funciones sean participativas, con una ciudadanía activa que se involucre, ya que al final de cuentas también es parte.

2. Políticas Públicas Participativas, con indicadores e información pública

Otro de los puntos débiles que hemos evidenciado a lo largo de estos años es la falta de claridad sobre el diseño, evaluación y/o funcionamiento del estado a través de sus políticas públicas.

Cualquier decisión político-institucional, para dejar de ser intuitiva, deberá contar con dos componentes claves: la disposición, utilización y apertura de información pública y el diseño, implementación y socialización de indicadores de gestión.

Es muy complicado suponer un escenario de acompañamiento y apoyo de las acciones, actividades, políticas y programas estatales sin poder conocer qué implica cada medida, cómo se pensaron, construyeron, quiénes ganan y quiénes pierden, con qué objetivo, con qué plazo y acaso cuál es el sentido de las decisiones.

Si en el horizonte hubiera una convocatoria amplia a discutir desde las bases y en la consideración de fortalecer un entramado que legitime políticas, es de esperar que la participación sea nutrida.

3. Nuevos vínculos y/o aprendizajes con y desde el sistema educativo

Es común oír críticas cruzadas sobre el sistema educativo en general y sus distintas partes en especial. Tanto desde afuera de él, como desde dentro, entre sus integrantes y entre sus niveles.

Cada nuevo gobierno que comienza diseña y trae consigo medidas, ideas y conceptos sobre el rol, pero sobre todo sobre el estado de situación y funcionamiento de la educación.

Algunas de las situaciones más notorias, pensadas por nivel, dan cuenta de:

  • – Un nivel inicial obligatorio desde los 4 años, pero que no es suficiente en su cobertura federal territorial y que ha dejado espacio al avance del sector privado
  • – Un nivel primario que aún con sus cosas funciona pero que, a no ser por contados casos, sigue siendo de escolaridad simple. Más allá de las decisiones familiares, una oferta más amplia de doble escolaridad y/o jornada extendida permitiría a una mayor cantidad de padres y madres disponer de ese tiempo laboral en la tranquilidad de que sus hijas/os se encuentran escolarizadas/os.
  • – Un nivel medio fuerte y ampliamente criticado con resultados de pruebas, sistemas de presentismo y no repitencias. Contenidos, muchas veces atemporales y la idea rectora de que no está a la altura de lo que se necesita para ingresar a la universidad y que la base que ofrece es muy baja, ineficiente, cuando no inexistente en áreas claves como matemática y lengua
  • – Un nivel superior que recibe, lo que llega, lo que alcanza a llegar del nivel anterior. Que se ha ido federalizando en las últimas dos décadas, con la aparición de Universidades Nacionales con correlato provincial. Oferta a la que se le suma las Universidades Provinciales, los Institutos Universitarios y todo el sector privado. Algunos datos son alarmantes referidos a la duplicación del promedio de los años de cursado de las carreras de grado, el desgranamiento de los estudiantes llegando a recibirse un 30% de los que ingresan y en general las condiciones y cuestiones socio-económicas que arrastran desde las familias, impactan en las aulas. Esta realidad de alguna manera fue leída por los últimos gobiernos, quienes (a veces directamente otras a través de las Universidades), han desembarcado un sistema de becas y apoyo al estudio, inclusive para carreras y áreas estratégicas.

El desafío es grande, ya que no podemos dejar de lado que existe un Consejo Federal de Educación que nuclea a las diferentes jurisdicciones en términos federales, pero que cada una de ellas es autónoma en las decisiones que puede y acaso toma. Entonces buscar nuevos espacios, nuevos modos y nuevas voces quizá en la especial coordinación de los niveles, posibilite el comenzar a desandar un camino de desconfianzas mutuas, de resquemores y construir puentes hacia lo que el sector público – privado demanda en la actualidad, y hará en el futuro.

4. Renovar, reconocer y revitalizar instancias de vinculación institucional e interinstitucional

Uno de los problemas más comunes que presentan quienes investigan, pero más aún quienes integran y gestionan el estado, es creer que todo lo que no sucede dentro de éste, no existe.

A la vista están algunas decisiones políticas que parten de la consideración de la capacidad instalada de las administraciones públicas: ofertas de servicios diseñadas en torno a la maquinaria disponible, gobiernos locales golpeando puertas y “bajando” obras públicas enlatadas, decisiones tomadas desde el escritorio valoradas en torno a cuánto cuestan económicamente.

Si bien existen diseños institucionales del estilo consejos locales o consejos asesores, son pocas las instancias ciertas de vinculación de los gobiernos locales con sus vecinas/os y de los gobiernos provinciales en línea de general.

Quizá el desafío sea pensar en nuevas mesas de vinculación y trabajo temáticas como espacios amplios. Buscando cómo y dónde se organiza la ciudadanía, pretendiendo acompañar esas expresiones y reclamos sin la intención de coartarlas sino de garantizarles una institucionalización plena, bajo el funcionamiento y modalidad a la que hayan llegado en acuerdo de partes.

5. Nuevos frenos y contrapresos de los poderes del estado

Es un debate histórico como la Argentina y ha tenido sus avances con la reforma de la Constitución Nacional en el año 1994, pero que aún se debe rediscutir y repensar.

Es que vemos cotidianamente ataques cruzados entre poderes, mejor dicho, entre personajes de los poderes públicos, los que dan cuenta de que conociendo la ley estiran al máximo sus atribuciones.

No son novedades los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), salvando provincias y/o municipios, o los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) que muchas veces avanzan sobre atribuciones del legislativo. Fallos del Poder Judicial que se “entrometen” en tiempos electorales en internas partidarias e inclusive de clubes de fútbol y cómo olvidarnos de esa dimensión de lo intocable de los magistrados que les garantiza estar exentos de algunos impuestos y deber validar su cargo de manera pública. Del otro lado un poder legislativo que posibilita bancas vitalicias y no de la misma forma abona a los debates de fondos que la sociedad reclama.

Cualquier intensión de mejora del estado y del funcionamiento de los poderes de éste, deberá versar sobre quién hace, quién controla y para qué, eso sí, con debates públicos, abiertos y con participación de la ciudadanía; ya que la misma que elige a por lo menos dos poderes del estado, debe ser la misma que comprenda y diseñe este nuevo sistema.

6. Transparencia y oxígeno en los partidos políticos

El sistema argentino establece que los candidatos surjan de los partidos políticos, los cuales han ido mudando de la idea de “partidos de masas” a la de “frentes electorales”. Esta mutación implicó algunos inconvenientes en términos de cohesión ideológica, impactando de lleno en las propias bases del electorado que no termina de reconocerse en tal o cual espacio.

Algo de avance implicó las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), ya que posibilita que los partidos diriman su interna de forma pública, aunque a la vez recibieron críticas de no ser necesarias, de implicar un gasto superfluo para el estado y que al hacer públicas las internas, los mismos partidos no sabrían y/o conocerían cómo dirimir sus conflictos internos.

Quizá sea tiempo de comenzar en buscar nuevos mecanismos que oxigenen los partidos políticos, no perdamos de foco que estas super estructuras (que en tiempos de “normalidad” se encuentran distantes), evidencian su capacidad de organización y cohesión en tiempos electorales, donde surgen candidatos, aparecen nombres y rápidamente se cierran filas y todo se presenta como lógico.

Si el tiempo que se viene demanda de algo, es que los partidos puedan territorializar de forma permanente su participación en la sociedad, que aporten en formación políticas, que participen activamente en los debates públicos locales, regionales y nacionales, que generen agenda pública y que formen nuevos cuadros políticos, institucionales, pero sobre todo ideológicos.

7. Establecer prioridades y un núcleo rígido sobre temas estratégicos nacionales

No son pocas las veces en que nos encontramos con cambios de gobiernos que no cambian únicamente de modelos de gestión (más cerca o más distantes de la ciudadanía), sino de norte institucional, por comprender que algunos temas que se venían abordando ya no son prioritarios.

Esto nos deposita frente a un mosaico de políticas públicas que van quedando de forma residual en un estado poco diseñado para hacer frente, cada 2 o 4 años a diferentes iniciativas.

Nuestra Constitución Nacional, cuya última reforma fue en 1994, estableció una suerte de “núcleo rígido” o núcleo de coincidencias básicas al que arribaron y acordaron los dos partidos mayoritarios de la época. Esto permitió un punto de encuentro y un horizonte de construcción común.

Si pudiéramos como país establecer algo similar, es decir abrir tema por tema, con ganas de debatir y avanzar hacia la generación de una agenda estratégica para los próximos 20 o 30 años, estaría organizando nuestro núcleo rígido sobre, quizá: matriz energética, sistema productivo, relaciones internacionales regionales y globales, modelo de acumulación y reparto, capacidad y rol de estado, entre otros.

Esta propuesta, “derramada” hacia gobiernos provinciales y locales, en este concierto federal, permitiría aunar esfuerzos de gestión en una misma dirección, dar sentido y valor a los planes de desarrollo y contener esas iniciativas que emanen, a pesar de las condiciones.

8. Federalizar lo federalizable, contagiando modelos de gestión y construyendo comunidad

Son muchos los esfuerzos y puntos comunes entre gobiernos subnacionales y gobierno nacional, rápidamente podemos mencionar los Consejos Federales en tanto espacio de vinculación y/o negociación, el Senado como nuevo lugar de equilibrio de representación de las provincias ante el sistema todo y el modelo de coparticipación federal (aunque debería ser rediscutido).

No se trata de inmiscuirse en asuntos ajenos. Cada nivel y cada poder tiene establecido normativamente su alcance e injerencia; aunque sigue siendo inminente y cada vez más urgente la necesidad de acordar.

Si pensáramos en términos asociativos desde lo local, municipios trabajando en bancos de experiencias exitosas, con sus Intendentas/es y Concejalas/es en red. Gobernadoras/es encontrándose con intenciones de mutua colaboración y entre todas/os discutiendo, debatiendo y proponiendo en un esquema federal, no caben dudas que se construirían nuevos y más legítimos (por su uso activo y actual), mecanismos de decisión y coordinación de políticas públicas temáticas, pero sobre todo de formación política.

Este tipo de esquemas asociativos, colaborativos son tema de estudio de la academia, quizá nuevas y más fuertes vinculaciones con ese sector puedan dar pistas e indicios de su potencia y quizá permitan trazar una hoja de ruta de cómo comenzar a diseñarlos, en consideración de los nuevos desafíos de un país tan extenso y complejo en su heterogeneidad.

9. Regionalizar efectivamente el poder en América Latina y el Caribe

Hemos, a lo largo de estos más de 200 años de historia en Argentina, evidenciado acuerdos y rupturas globales, cambios en la geopolítica, caída de naciones, aparición y desaparición de regiones enteras como tales, unificación y división de países, acuerdos y desacuerdos comerciales; dos y quizá estemos en camino a una tercera guerra mundial.

Si bien estamos tentados a mirar y tamizar todo desde la óptica europea, es cierto y tangible el riesgo de ello. Desde la academia ha habido avances y notorios aportes para pensar a y desde América Latina y el Caribe. Es que comprender la matriz de dominación (ahora económica), los planes provenientes desde la parte norte del hemisferio para apoderarse de los recursos naturales, en la región y comprender y tener presente que 200 años de “liberación” no terminan de cortar las amarras con Europa, es la clave para comprender con acierto lo hondo del problema.

Esta nueva óptica nos permite mirar y construir un pensamiento latinoamericano (no es que no haya pensadores), sino que revisar las políticas públicas en clave latinoamericana nos daría la ventaja de poder determinar de antemano su capacidad de funcionamiento, de impacto, quizá hasta de recepción local.

Mientras que grandes potencias mundiales, buscan formas distintas de asociarse entre sí, por mencionar rápidamente a algunas (la Unión Europea, la Euro Zona, los Brics, el grupo de los 8), en Argentina no terminamos de admitir que somos Latinoamericanos y que amén de alguna que otra relación comercial global, los aliados estratégicos deberían ser en primera medida nuestros vecinos con quienes compartimos historia cultural y de dominación histórica.

Este pasado común y horizonte en miras de una Patria Grande, debería motivarnos a rediscutir instrumentos de política regional como el Mercosur o el Parlasur, no para su desaparición, sino para valorarlos, rediseñarlos, oxigenarlos y nutrirlos de contenido político.

10. Comprender la influencia de los medios de comunicación en la vida de las personas

Es extensa la discusión sobre el rol de los medios de comunicación, su objetividad o militancia ideológica y partidaria y al fin y al cabo la necesidad de su existencia para garantizar estar informado.

En los últimos años, con la aparición de las nuevas tecnologías de la información, internet y los celulares, más en el último tiempo las nuevas formas de comunicación, como las redes sociales, las plataformas de streaming, los canales de youtube, inclusive los podcast de Spotify, han cambiado los hábitos de consumo y el modo de informarse.

Es un fenómeno global en esta nueva etapa del capitalismo que demanda de más y más rápido consumo, entre esos productos, se encuentran los contenidos digitales, y por ende la posibilidad de consumir noticias, medios y opiniones.

Una rápida pregunta es ¿cuál es la relación de los medios (todos ellos, en todos sus formatos) con los integrantes de las familias, y cómo repercute en distintos niveles de consumo y/o conocimiento adquirido, en tiempos de hiperconectividad?

Es decir, ¿todos los integrantes de un núcleo familiar, con sus distintas edades, consumen la misma información en diferentes formatos, o quizá los formatos clásicos son para cierta franja etaria que encima los considera como los únicos y los válidos?

Si encima uno quisiera cruzar esta posibilidad casi infinita de consumo de información, no siempre chequeada, con algo tan complejo como es la política, podríamos saber ¿cuánto influyen en los hábitos cotidianos y acaso en demonizar y/o santificar a algún candidato o política? ¿Qué queda detrás de todo eso?

No pretendiendo ahondar en un tema tan complejo, entiendo que el tiempo que se viene demanda de comenzar a pensar ¿dónde queda el estado y las personas, en este esquema?, y en esta misma dirección, ¿quién decide por quién?

Quizá el mayor desafío que tengamos por delante sea encontrar los espacios para comenzar a desenmarañar esta carrera a la que nos subimos sin las medidas de seguridad, o sin las instrucciones de uso, porque por más que no terminemos de comprender cómo y/o por qué se dan las cosas, éstas nos afectan de igual manera y directamente.

El poder construir espacios de reflexión, para aproximarnos al fenómeno, lugares de encuentro interdisciplinarios, pero sobre todo intergeneracionales, nos posibilitará comenzar a discutir y pensar en ello.

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Opinión

“Todos conocemos a alguien que no volvió”: El doloroso mensaje de la hija de una víctima fatal por un choque en la Ruta 22

Omar Edgardo Moreno murió tras un violento choque frontal ocurrido a la altura de Cervantes; mientras que otras tres personas resultaron heridas. Su hija escribió una carta, donde apuntó contra la desidia política y vial.

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A poco más de una semana del choque frontal ocurrido sobre la Ruta Nacional N° 22, a la altura de Cervantes, Cindy Moreno publicó una extensa y conmovedora carta abierta tras la muerte de su padre, Omar Edgardo Moreno, quien perdió la vida en el siniestro vial registrado el pasado jueves (14/05).

El hecho ocurrió minutos después de las 10.30 horas en el kilómetro 1165 de la Ruta N° 22, en cercanías del barrio Colonia Fátima. El impacto frontal fue entre un Ford Focus que circulaba de oeste a este y un Peugeot 307 que viajaba en sentido contrario.

En cada vehículo viajaban dos personas. Como consecuencia del choque, Omar Moreno, conductor del Focus, murió en el lugar. Los otros tres ocupantes sobrevivientes fueron trasladados al Hospital Francisco López Lima de General Roca, donde continúan recibiendo atención médica.

En su carta, Cindy Moreno apuntó contra la negligencia vial, el abandono estatal, la falta de obras sobre la Ruta N° 22 y también destacó el acompañamiento del personal de salud y de la comunidad en medio del dolor.

La carta completa

Mi papá no murió solamente en un choque sobre la Ruta 22.

Mi papá murió en una provincia donde hace más de treinta años la desidia política avanza más rápido que las obras. Donde los funcionarios cambian, los discursos cambian, las campañas cambian, pero las rutas siguen rotas, los hospitales siguen sobreviviendo como pueden y las familias siguen enterrando seres queridos mientras escuchan promesas recicladas.

No le escribo esta carta abierta a quienes salen todos los días a trabajar y manejan con responsabilidad entre un pueblo y otro, rezando llegar bien. Ellos ya conocen el miedo. Lo sienten cada vez que toman la Ruta 22 para ir al médico, llevar a sus hijos a estudiar, hacer un trámite o volver a casa.

Esta carta está dirigida a quienes manejan con negligencia, creyendo que el volante es una extensión de su impunidad. Pero también está dirigida a los municipios y gobiernos que durante décadas convirtieron una obra vital para toda la región en una disputa absurda de egos, intereses y mezquindades políticas.

Mientras la gente esperaba una ruta segura, ellos discutían si un tramo debía pasar por arriba o por abajo, si convenía un puente más o una rotonda menos, mientras la obra se demoraba eternamente entre internas políticas, especulación y abandono.

Y en el medio, la gente siguió muriéndose.

En el Alto Valle ya ni siquiera hacen falta estadísticas. Todos conocemos a alguien que no volvió. Todos conocemos una familia destruida por una ruta inconclusa. Todos vimos cruces al costado del camino multiplicarse más rápido que las soluciones.

Hace más de diez años comenzaron las obras de mejora de la Ruta 22. Diez años en los que miles de rionegrinos soñamos que, por respeto a los muertos y por responsabilidad hacia los vivos, finalmente se terminara aquello que nos prometieron una y otra vez.

Pero la política eligió otra cosa.

Eligió discutir poder mientras la gente enterraba hijos, padres, hermanos y amigos.

Mi papá no va a volver. Y no existe pésame institucional capaz de reparar el vacío que deja una ausencia así cuando durante años se ignoraron pedidos básicos de infraestructura, prevención y dignidad.

Porque la desidia no aparece solamente en las rutas. También aparece en hospitales sostenidos a pulmón sus trabajadores. Aparece en localidades donde ni siquiera las entradas para las ambulancias están asfaltadas. Aparece en edificios públicos sin calefacción en plena Patagonia. Aparece cuando falta lavandina en los baños, cuando el personal de salud no tiene dónde calentarse un almuerzo después de horas intentando salvar vidas.

Mi mamá sigue grave en el hospital de General Roca. Y aun en medio de semejante abandono estructural, el personal humano de ese hospital logró algo extraordinario: devolvernos un poco de fe. Nunca voy a olvidar la humanidad del servicio de Hematología, ni las palabras cálidas, ni las sonrisas, ni la forma en que acompañan a familias destruidas aun cuando trabajan en condiciones indignas. Tampoco voy a olvidar a toda la gente que se acercó a donar sangre sin conocernos. Ahí entendí algo doloroso y hermoso al mismo tiempo: esta provincia sobrevive gracias a su gente, no gracias a sus dirigentes. Río Negro está lleno de personas extraordinarias obligadas a compensar todos los días la ausencia del Estado.

Hoy no escribo para pedir nada. Porque lo único que quiero es que me devuelvan a mi papá, y eso no va a pasar.

Pero sí necesito decir que las muertes evitables también tienen responsables. Que las obras postergadas matan. Que la negligencia mata. Que gobernar mirando encuestas, disputas partidarias y negocios mientras la gente arriesga la vida para ir de un pueblo a otro también tiene consecuencias. A los conductores de la camioneta y el auto blanco que hicieron todo mal aquel día, que les faltan papeles y les sobra inconsciencia, ojalá los acompañe la culpa de su irresponsabilidad. Y a quienes durante años tuvieron en sus manos la posibilidad de terminar una ruta segura y fortalecer un sistema de salud digno, ojalá alguna vez comprendan el daño irreparable que produce gobernar de espaldas a la realidad.

Mi papá ya no está. Pero pienso honrar su memoria haciendo lo mismo que él hizo siempre: decir lo que incomoda, exigir justicia y negarme a aceptar que el abandono sea el destino inevitable de nuestra región.

A quienes estuvieron con nosotros en estos días, gracias. El mundo sigue siendo un lugar digno gracias a personas como ustedes.

Cindy Moreno B.

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Opinión

Más allá del diagnóstico: La necesidad de una salida con contenido

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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¿Cuánto más se puede decir del estado actual de las cosas? Esta mezcla de novedad y continuidad, esta cotidianeidad que venimos habitando, nos fuerza muchas veces a una suerte de parálisis, obligándonos a detenernos indefinidamente en el diagnóstico. Nos enfrentamos, una vez más, cara a cara con sorpresas previsibles: es la sensación de que asistimos a «más de lo mismo», con el agravante de que ese «lo mismo» es, cada vez, peor.

Esta realidad no es abstracta; es una fuerza complicada que está tensionando transversalmente a la Argentina. Tensa a los individuos, a las familias y a los hogares, pero también erosiona a las instituciones, a los partidos políticos y a las organizaciones sociales en su conjunto. Estamos ante un escenario tan complejo como hondo, donde conviven la complicidad de algunos sectores con un agotamiento social generalizado. Es el agotamiento de quienes dijeron «no» a lo anterior para decir «sí» a esto, y que hoy se encuentran en la encrucijada de decir «no» a esto, sin querer regresar a lo otro. En ese limbo, la construcción de una salida institucional sigue siendo una asignatura pendiente.

La trampa de la reactividad: El vacío de la alternativa

En este escenario, lo que queda peligrosamente a la vista es un modelo de gestión de la oposición —tanto institucional como política— que es meramente reactivo en lugar de propositivo. Esta es una falencia generalizada que atraviesa a representantes políticos, sindicales y partidarios por igual: el gobierno nacional impone condiciones y la respuesta carece de propuestas superadoras. Las estructuras tradicionales se mueven siempre un paso por detrás de lo previsible, persiguiendo un modelo oficial que se percibe como arrasador.

Lo más alarmante no es el contenido de lo que se negocia, sino la incapacidad técnica para proyectar algo distinto. Nos enfrentamos a paritarias que no funcionan, a presupuestos que son jirones de la realidad y a discusiones por servicios básicos que parecen vaciadas de sentido. El rol de sindicatos, gobernadores y legisladores se ha degradado al de simples acompañantes de la coyuntura. Mientras se transita esa urgencia, no se está proyectando un plan de salida relevante. Esta reactividad es especialmente compleja en las universidades, donde ciertas conducciones operan como oposición política nacional pero como oficialismos institucionales, quedando atrapadas en la misma falta de iniciativa propositiva.

De la demencia al negacionismo: La inercia institucional de parte del sistema de CyT

Para entender la parálisis de quienes deben conducir, es necesario observar su comportamiento reciente. Tras el punto de inflexión de diciembre de 2023, cuando el flujo de recursos se detuvo abruptamente y las partidas dejaron de llegar, las instituciones universitarias no reaccionaron con un cambio de paradigma. Por el contrario, operaron bajo lo que podríamos llamar una demencia institucional: siguieron haciendo las cosas como si el escenario no hubiera cambiado, repitiendo fórmulas de un pasado que ya no tenía sustento material.

Hoy, esa demencia ha mutado en algo más peligroso: el negacionismo institucional. Al encontrar mecanismos modernos e innovadores para «oxigenar» el sistema -vía financiamientos externos, fundaciones propias o venta de servicios-, las conducciones «optan» por darle la espalda a la lucha estructural de sus trabajadores. Bajo la excusa de la eficiencia técnica y la creatividad para «salvar los muebles», están validando de facto el ajuste. Están demostrando una agilidad que en momentos de flujo ni siquiera se atrevieron a imaginar, pero lo hacen opacando la lucha docente y Nodocente, y confirmando ante el poder central que el recorte era, después de todo, ejecutable.

El experto disciplinar y la orfandad política

Esta desconexión tiene una raíz estructural en la formación de quienes dirigen el sistema de ciencia, tecnología y universitario. Por un lado, tenemos a los docentes e investigadores, y por otro, a los equipos de gestión Nodocente, que constituyen la arquitectura institucional invisible que permite mantener en pie el sistema. En la cima, el funcionariado (Rectores, Vicerrectores y Secretarios) ocupa cargos de naturaleza eminentemente política.

Sin embargo, el sistema está diseñado para que los académicos gestionen, bajo la premisa de que la excelencia en el grado o posgrado se traduce en capacidad de gestión. Pero la trayectoria académica no es proporcional a la pericia política. Geólogos, contadores, biólogos o arquitectos de renombre se encuentran hoy dirigiendo instituciones complejas frente a una política de choque para la cual sus herramientas disciplinares -que representan el 95% de su expertise- son insuficientes. No es lo mismo administrar el flujo que gestionar la incertidumbre y la restricción. Al no ser cuadros políticos de formación, quedan aislados de los debates profundos y los avatares partidarios los toman por sorpresa.

La seducción del intelectual y el desembarco de los gestores

Este contraste se refleja en la figura presidencial. Su ascenso fue el de un intelectual que ofrecía una doctrina económica liberal inspiradora y de gran penetración en jóvenes votantes y en una gran parte de la población desencantada con lo conocido. La sociedad, en su dificultad para determinar el rol efectivo del Estado, parece haber votado esa elocuencia, apostando a un horizonte filosófico pero dejando de lado o acaso, jamás interpelándose por el «cómo».

Pero una vez en el poder, se produjo un desplazamiento: la gestión real fue delegada en personajes cuyo activo no es la teoría, sino el know-how de la vieja política y la gestión de choque. Mientras el discurso se mantiene en la doctrina, la ejecución queda en manos de segundas y terceras líneas que saben operar las palancas del Estado de forma pragmática. Esta dualidad genera la máxima tensión: un relato intelectual que se ejecuta con las herramientas más conocidas de la gestión tradicional.

El intelectual como arquitecto y el control social

Frente a este vacío, el rol superador del intelectual debe ser el de un traductor: aquel que logre el match entre la ideología (el horizonte filosófico) y el cotidiano de la política pública. No puede ser alguien que se refugie en la academia para dar una clase virtual cada quince días; debe ser quien dote de sentido a la acción técnica e impregne e ilumine los debates públicos.

Nadie discute qué funciones debe afrontar el Estado en tanto garante de derechos. Su capilaridad social estratégica (en términos de Oszlak) es irremplazable. Sin embargo, no podemos seguir persiguiendo quimeras de innovación que mueren en acuerdos personales sobre un andamiaje inexistente. Propongo una salida que incluya una instancia de control social e intelectual comunitario, similar a una Defensoría del Pueblo, pero con una matriz de pensamiento crítico. Un espacio técnico con voz y probada incidencia donde la ciudadanía participe y rediscuta las políticas públicas junto a los intelectuales que les dan sentido.

Conclusión: Salir del asombro

En un mundo de información fragmentada, en el cual desde millennials a la generación alfa son bombardeados constantemente, los discursos vacíos ya no alcanzan. Lo que hoy se vuelve imperativo es la propuesta concreta. Debemos entender que, si la esperanza no tiene acción, es simplemente fe; y la fe es insuficiente para gestionar una organización, menos aún un sistema, demasiado lejos, una nación.

La salida no es dicotómica – izquierda o derecha-, sino programática. Requerimos un nuevo acuerdo social basado en ejes fundantes: ambiente, obra pública, educación, salud, deporte, disidencias, derechos humanos, vivienda y todos los otros temas que la sociedad pueda determinar. La única manera de garantizar a la ciudadanía una protección real es a través de una salida política integral: intelectuales, académicos, gestores y técnicos trabajando en un programa de gobierno concreto que abandone el asombro y retome la iniciativa. Es hora de que la arquitectura del Estado deje de servir a la supervivencia de una casta y empiece a tener a la gente presente en el centro de su diseño y control.

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Opinión

La Encrucijada de la IA: Moda o Soberanía

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Estamos inmersos en un momento de avances exponenciales de la Inteligencia Artificial (IA). Esta carrera tecnológica, impulsada por el sector privado, genera nuevas oportunidades, pero también expone complejidades estructurales profundas en sociedades como la latinoamericana y la argentina en especial, agravadas ahora por el desfinanciamiento estatal.

Detrás de palabras y conceptos como costo, lucidez e inclusive debatiendo sobre la Paradoja de la Modernización, es crucial entender que no incorporar tecnología es, de hecho, más costoso que hacerlo. La adopción requiere una «lucidez estratégica»: un rediseño consciente y deliberado que entienda que lo que se hace se puede hacer mejor. Pero que de ninguna manera la IA reemplaza ni a las personas ni a sus responsabilidades.

Como dos caras de una moneda:

El sector privado actúa deliberadamente para maximizar la ganancia. Moderniza con celeridad, buscando mejorar procedimientos, presentándose a la vanguardia y el desarrollo, y poniendo en valor la IA.

El sector público, cuyo fin es social, a menudo responde al llamado de la modernización con el desfinanciamiento, con recorte y achicamiento. La negación a incorporar la IA transversalmente como tecnología que permita innovar, claramente es no estratégica, pues la sociedad ya la está utilizando, generando una distancia creciente entre ambos mundos.

Acá nos encontramos con el problema de la falsa dicotomía, la creencia simplista de que el privado es inherentemente más moderno y brillante. Esta visión es escasa, pues las personas en ambos sectores utilizan tecnología personal (smartphones, herramientas de IA como Gemini, ChatGPT, etc.).

La diferencia reside en la cultura organizacional: en el privado, la modernización se transparenta y premia; en el público, no está institucionalizada y a veces se castiga la desviación del proceso tradicional.

A no preocuparse, porque no todo es tan sombrío y acaso para evitar un futuro distópico, la solución reside en construir una soberanía tecnológica y digital más horizontal.

Esto nos propone:

Divulgación y Conocimiento: las sociedades y los individuos deben entender el impacto de la tecnología y la IA en todas las instituciones. Este conocimiento es la base para que los ciudadanos puedan defender, construir y validar las reformas necesarias.

Espacios de Co-creación: es imperativo crear espacios público-privados, liderados con la participación activa de la sociedad civil, tecnólogos, divulgadores y directores de proyectos.

Gobierno Abierto: estos espacios deben estar anclados en los principios de Gobierno Abierto: participación ciudadana, innovación, transparencia y rendición de cuentas.

Solo a través de esta colaboración estratégica y una ciudadanía informada, el Estado podrá evolucionar tecnológicamente no solo para sobrevivir, sino para construir un futuro donde la tecnología sirva a fines sociales amplios, y no solo a la maximización de la ganancia privada.

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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