Opinión
Ansiedad o desorientación?… por cercanía
El contador Oscar «Cachi» Carballo analiza una nota de opinión del dirigente político Julio Bárbaro en el diario Infobae.

El título de la presente solo va a exteriorizar un sentimiento profundo que sentí en la tarde el domingo cuando leía detenidamente una nota similar que publicaba Infobae en su diario digital de ese día escrita por Julio Bárbaro. Por supuesto que me refiero a similar solo desde el punto de vista de que se trataba de una nota de opinión, pero salvando la distancia en cuanto a contenido, dado que siempre he leído y escuchado con atención las reflexiones de su autor porque las consideraba y considero sentidas, analíticas, profundas y desvestidas de todo fanatismo como en general suelen expresarse los políticos. Fundamentalmente los políticos fanáticos y obsecuentes no tanto de ideologías como de pseudo representantes de ellas.
El tema en cuestión, más allá de este pequeño introito, es que observo en la nota una clara lectura evaluadora que permita explicar de la mejor manera posible porqué quienes no somos ni nos parecemos tanto al PRO ni a CAMBIEMOS votamos a este gobierno y, a partir de ello, como nos va con nuestra conciencia por lo que vivimos antes y lo que estamos viviendo.
Digo esto porque soy uno de los tantos que sin dudar un solo instante, hace ya un largo tiempo o una década por lo menos, habíamos decidido hacer todo lo posible para que esta banda de ladrones y vendedores de ilusiones dejaran de estar en el poder y también en cualquier otro lugar desde donde pudieran tener algún grado de influencia sobre la vida de cualquier humano normal aquí o en cualquier parte del planeta.
Estos integrantes variados de la asociación ilícita más impresionante de la historia de Argentina y de varias regiones del resto del mundo juntas, deben ser tratados solo como merecen por ladrones, hipócritas, traficantes, y responsables de las muertes de cientos de miles de personas por su accionar o su inacción premeditados, solo para enriquecerse sin límites y generar un campo minado en una sociedad que bien puede vivir dignamente con todos sus integrantes en un marco democrático y de vida plena de las instituciones como soñó y sueña todo el pueblo Argentino.
Por supuesto que la disolución y el estallido del kirchnerismo lo advertimos todos hace mucho tiempo pero creo que nadie iba a pensar que terminaría aburriéndonos por el grado exagerado de posibilidad de superar sus propios límites, como terminan últimamente lográndolo los escandalosos e impúdicos datos revelados por la justicia y los medios.
Dice Bárbaro “Muchos adoradores de aquella monarquía en crisis intentan sostener su pasión revirtiendo su amor a Cristina en fuerte odio a Macri. Y como debía ser, ya aparecieron los custodios de la nueva fe que devalúan a quien se le pase por la mente dudar del nuevo Gobierno virtuoso: los presidentes pasan mientras el fanatismo queda. Cristina lo exacerbó pero, al irse, no pudo cargarlo en sus bolsos, lo dejó imperando en medio de la misma realidad”.
Yo, al igual que el autor de la nota original estoy en “…en la lista de los desubicados de siempre; con los que se fueron me unía el espanto y con los nuevos, a veces coincido y otras, no”.
Todos los párrafos siguientes de la nota me incluyen en la idea general pero creo que debo reforzar mi sentimiento de frustración en tres o cuatro breves conceptos que marcan que mi ansiedad y desorientación son importantes, pero mucho más importante es que se refunde la Democracia nacional abatida y se jerarquicen las instituciones ya que este es el único camino a la victoria de TODOS LOS ARGENTINOS.
Para ello por supuesto es imprescindible que se mantenga esta reciente corriente de libertad de expresión, capacidad de asumir errores, capacidad de intento de corrección de los errores asumidos y, fundamentalmente, aprender a valorar a las personas que integran el gobierno solo como eso y no sostener a rajatablas ejecutores de políticas para todos que no tienen ni siquiera concepto de lo que es sensibilidad social y solo actúan en virtud de los resultados de fórmulas econométricas que adquirieron como parámetros de vida en sus respectivos posgrados o masters profesionales.
Una sociedad destruida económicamente se recupera con acciones no solo económicas sino fundamentalmente con políticas sociales acompañadas de modelos y estrategias económicas acordes.
Mucho menos se recuperará solo con modelos econométricos una sociedad que además fue destruida en su estructura social y que alcanzo límites insospechados de grieta humana. Por ello quienes votamos por exclusión o por adhesión sentimos la necesidad de marcarle al Presidente y su séquito la necesidad de evaluar realidades, reprogramar modelo y estrategia y, urgentemente, generar el marco adecuado para que todos defendamos su continuidad a rajatablas. Nuevas fisuras sociales atentan contra ello pero fundamentalmente hacen lugar a la debilidad del sistema democrático, aunque no haya ninguna posibilidad de que involucionemos a los tiempos del ya defenestrado kirchnerismo.
Reniego también y mucho contra los que quieren hacernos creer que hoy la estamos pasando mal porque nos equivocamos al votar. Creo que ello es un error fundacional ya que con los que estaban el camino era el abismo y por ello a los que gobiernan hoy los volvería a votar. Pero ojo también validemos que donde impera el dogma agoniza la razón y no repitamos estrategias pasivas que después no tengan retorno.
La sociedad padece lo que padece por inacción global. Me apresuro a decir que no estoy incitando a la violencia porque no es de mi estilo pero si digo que si la sociedad en su conjunto nos hubiéramos interesado y puesto en acción en tiempo y forma, hoy no nos aburriríamos con los exabruptos del kirchnerismo ni nos lamentaríamos de nuestra situación actual o la nuestra o de nuestros pares.
Ojo con suponer que los culpables de lo recibido son los ciudadanos y los salvadores virtuosos las empresas. Estas últimas son personas jurídicas con objeto social concreto, no saben de sensibilidad y mucho menos social. Son si ciertamente mecanismos generadores de espacios productivos y laborales necesarios para crecer pero no descuidemos su accionar desde el Estado porque ellos no se detienen ante la necesidad del resto, avanzan solo por lo propio.
En este contexto creo que Cambiemos tiene una similitud de pensamiento cercana a lo esbozado y ello hace que su política económica exteriorice errores básicos que lo alejarán rápidamente de sus promesas de campaña, pero mucho más rápidamente de la gente que los arrimó al poder.
Demos por sabido que, al igual que en el fútbol argentino, quienes son los autores intelectuales y materiales del fraude brutal y la decadencia institucional y social, no tienen ninguna posibilidad de actuar distinto porque sus objetivos y sus mezquinos fines siguen siendo siempre los mismos y plenamente arraigados por ser básicamente actores de mala entraña.
Necesitamos empezar a creer y tener fe pero con nuevos actores que nos den la posibilidad, aunque remota, de que tienen vocaciones y capacidades distintas de las de los genios del pasado.
Por supuesto con la minoría de los políticos del pasado que son buena gente y con capacidades, aprovechemos sus bondades para hacer estructuras de asesoramiento que servirán y mucho por su experiencia para el diseño y ejecución de modelos operativos.
LOS QUE CHOCARON TODO TIPO DE MODELO PROBADO NO PUEDEN SER MÁS CHOFERES DEL DESTINO DE LA SOCIEDAD.
Respecto del kirchnerismo no corremos riesgos de volver a pecar, porque como bien dice Julio Bárbaro “… es parecido a un avión derribado, toda la explicación la aportan las cajas negras”.
Es cierto que no es cuestión de peronismo ni radicalismo ni liberalismo. Es cuestión de que la sociedad toda pueda volver a vivir con dignidad y para ello vamos a tener que desarmar buena parte de lo que nos vendieron como modernidad.
Dice también Bárbaro “La caída del muro de Berlín funcionó como la ruptura del límite para la concentración económica. Nuestro problema es de distribución, los grandes concentrados (legítimos y corruptos) se llevan demasiado y el resto de la sociedad no puede vivir con dignidad. Los kirchneristas destruyeron todo sin tocar ninguna concentración, salvo la mediática que los molestaba a ellos pero no a la sociedad. Ahora necesitamos reconstruir el capitalismo limitando a sus dos enemigos, los burócratas y los concentradores. Iniciativa privada con dispersión del capital donde se pueda. Lo otro genera ganancias mientras degrada sociedades”.
Coincido también en que tenemos un Estado elefantiásico e inútil para alcanzar los objetivos enunciados y unos privados sin competencia ni límites que hacen que la situación se acerque peligrosamente a la máxima expresión nefasta que podamos esperar. Es más importante y prioritario reducir la concentración en todos sus perfiles que convocar a la inversión. Con el tiempo todo llega aunque este gobierno no parece muy propenso a aceptarlo como receta operativa.
Me pone ansioso y desorientado estar tan cerca de Julio Bárbaro pero esto alimenta mi deseo de que se termine definitivamente con la famosa grieta y se trabaje decididamente por la argentina que no es otra cosa que trabajar incansablemente por TODOS LOS ARGENTINOS.
Oscar A. «Cachi» Carballo
DNI N° 8.213.435.-
Opinión
“Todos conocemos a alguien que no volvió”: El doloroso mensaje de la hija de una víctima fatal por un choque en la Ruta 22
Omar Edgardo Moreno murió tras un violento choque frontal ocurrido a la altura de Cervantes; mientras que otras tres personas resultaron heridas. Su hija escribió una carta, donde apuntó contra la desidia política y vial.

A poco más de una semana del choque frontal ocurrido sobre la Ruta Nacional N° 22, a la altura de Cervantes, Cindy Moreno publicó una extensa y conmovedora carta abierta tras la muerte de su padre, Omar Edgardo Moreno, quien perdió la vida en el siniestro vial registrado el pasado jueves (14/05).
El hecho ocurrió minutos después de las 10.30 horas en el kilómetro 1165 de la Ruta N° 22, en cercanías del barrio Colonia Fátima. El impacto frontal fue entre un Ford Focus que circulaba de oeste a este y un Peugeot 307 que viajaba en sentido contrario.
En cada vehículo viajaban dos personas. Como consecuencia del choque, Omar Moreno, conductor del Focus, murió en el lugar. Los otros tres ocupantes sobrevivientes fueron trasladados al Hospital Francisco López Lima de General Roca, donde continúan recibiendo atención médica.
En su carta, Cindy Moreno apuntó contra la negligencia vial, el abandono estatal, la falta de obras sobre la Ruta N° 22 y también destacó el acompañamiento del personal de salud y de la comunidad en medio del dolor.
La carta completa
Mi papá no murió solamente en un choque sobre la Ruta 22.
Mi papá murió en una provincia donde hace más de treinta años la desidia política avanza más rápido que las obras. Donde los funcionarios cambian, los discursos cambian, las campañas cambian, pero las rutas siguen rotas, los hospitales siguen sobreviviendo como pueden y las familias siguen enterrando seres queridos mientras escuchan promesas recicladas.
No le escribo esta carta abierta a quienes salen todos los días a trabajar y manejan con responsabilidad entre un pueblo y otro, rezando llegar bien. Ellos ya conocen el miedo. Lo sienten cada vez que toman la Ruta 22 para ir al médico, llevar a sus hijos a estudiar, hacer un trámite o volver a casa.
Esta carta está dirigida a quienes manejan con negligencia, creyendo que el volante es una extensión de su impunidad. Pero también está dirigida a los municipios y gobiernos que durante décadas convirtieron una obra vital para toda la región en una disputa absurda de egos, intereses y mezquindades políticas.
Mientras la gente esperaba una ruta segura, ellos discutían si un tramo debía pasar por arriba o por abajo, si convenía un puente más o una rotonda menos, mientras la obra se demoraba eternamente entre internas políticas, especulación y abandono.
Y en el medio, la gente siguió muriéndose.
En el Alto Valle ya ni siquiera hacen falta estadísticas. Todos conocemos a alguien que no volvió. Todos conocemos una familia destruida por una ruta inconclusa. Todos vimos cruces al costado del camino multiplicarse más rápido que las soluciones.
Hace más de diez años comenzaron las obras de mejora de la Ruta 22. Diez años en los que miles de rionegrinos soñamos que, por respeto a los muertos y por responsabilidad hacia los vivos, finalmente se terminara aquello que nos prometieron una y otra vez.
Pero la política eligió otra cosa.
Eligió discutir poder mientras la gente enterraba hijos, padres, hermanos y amigos.
Mi papá no va a volver. Y no existe pésame institucional capaz de reparar el vacío que deja una ausencia así cuando durante años se ignoraron pedidos básicos de infraestructura, prevención y dignidad.
Porque la desidia no aparece solamente en las rutas. También aparece en hospitales sostenidos a pulmón sus trabajadores. Aparece en localidades donde ni siquiera las entradas para las ambulancias están asfaltadas. Aparece en edificios públicos sin calefacción en plena Patagonia. Aparece cuando falta lavandina en los baños, cuando el personal de salud no tiene dónde calentarse un almuerzo después de horas intentando salvar vidas.
Mi mamá sigue grave en el hospital de General Roca. Y aun en medio de semejante abandono estructural, el personal humano de ese hospital logró algo extraordinario: devolvernos un poco de fe. Nunca voy a olvidar la humanidad del servicio de Hematología, ni las palabras cálidas, ni las sonrisas, ni la forma en que acompañan a familias destruidas aun cuando trabajan en condiciones indignas. Tampoco voy a olvidar a toda la gente que se acercó a donar sangre sin conocernos. Ahí entendí algo doloroso y hermoso al mismo tiempo: esta provincia sobrevive gracias a su gente, no gracias a sus dirigentes. Río Negro está lleno de personas extraordinarias obligadas a compensar todos los días la ausencia del Estado.
Hoy no escribo para pedir nada. Porque lo único que quiero es que me devuelvan a mi papá, y eso no va a pasar.
Pero sí necesito decir que las muertes evitables también tienen responsables. Que las obras postergadas matan. Que la negligencia mata. Que gobernar mirando encuestas, disputas partidarias y negocios mientras la gente arriesga la vida para ir de un pueblo a otro también tiene consecuencias. A los conductores de la camioneta y el auto blanco que hicieron todo mal aquel día, que les faltan papeles y les sobra inconsciencia, ojalá los acompañe la culpa de su irresponsabilidad. Y a quienes durante años tuvieron en sus manos la posibilidad de terminar una ruta segura y fortalecer un sistema de salud digno, ojalá alguna vez comprendan el daño irreparable que produce gobernar de espaldas a la realidad.
Mi papá ya no está. Pero pienso honrar su memoria haciendo lo mismo que él hizo siempre: decir lo que incomoda, exigir justicia y negarme a aceptar que el abandono sea el destino inevitable de nuestra región.
A quienes estuvieron con nosotros en estos días, gracias. El mundo sigue siendo un lugar digno gracias a personas como ustedes.
Cindy Moreno B.
Opinión
Más allá del diagnóstico: La necesidad de una salida con contenido
Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

¿Cuánto más se puede decir del estado actual de las cosas? Esta mezcla de novedad y continuidad, esta cotidianeidad que venimos habitando, nos fuerza muchas veces a una suerte de parálisis, obligándonos a detenernos indefinidamente en el diagnóstico. Nos enfrentamos, una vez más, cara a cara con sorpresas previsibles: es la sensación de que asistimos a «más de lo mismo», con el agravante de que ese «lo mismo» es, cada vez, peor.
Esta realidad no es abstracta; es una fuerza complicada que está tensionando transversalmente a la Argentina. Tensa a los individuos, a las familias y a los hogares, pero también erosiona a las instituciones, a los partidos políticos y a las organizaciones sociales en su conjunto. Estamos ante un escenario tan complejo como hondo, donde conviven la complicidad de algunos sectores con un agotamiento social generalizado. Es el agotamiento de quienes dijeron «no» a lo anterior para decir «sí» a esto, y que hoy se encuentran en la encrucijada de decir «no» a esto, sin querer regresar a lo otro. En ese limbo, la construcción de una salida institucional sigue siendo una asignatura pendiente.
La trampa de la reactividad: El vacío de la alternativa
En este escenario, lo que queda peligrosamente a la vista es un modelo de gestión de la oposición —tanto institucional como política— que es meramente reactivo en lugar de propositivo. Esta es una falencia generalizada que atraviesa a representantes políticos, sindicales y partidarios por igual: el gobierno nacional impone condiciones y la respuesta carece de propuestas superadoras. Las estructuras tradicionales se mueven siempre un paso por detrás de lo previsible, persiguiendo un modelo oficial que se percibe como arrasador.
Lo más alarmante no es el contenido de lo que se negocia, sino la incapacidad técnica para proyectar algo distinto. Nos enfrentamos a paritarias que no funcionan, a presupuestos que son jirones de la realidad y a discusiones por servicios básicos que parecen vaciadas de sentido. El rol de sindicatos, gobernadores y legisladores se ha degradado al de simples acompañantes de la coyuntura. Mientras se transita esa urgencia, no se está proyectando un plan de salida relevante. Esta reactividad es especialmente compleja en las universidades, donde ciertas conducciones operan como oposición política nacional pero como oficialismos institucionales, quedando atrapadas en la misma falta de iniciativa propositiva.
De la demencia al negacionismo: La inercia institucional de parte del sistema de CyT
Para entender la parálisis de quienes deben conducir, es necesario observar su comportamiento reciente. Tras el punto de inflexión de diciembre de 2023, cuando el flujo de recursos se detuvo abruptamente y las partidas dejaron de llegar, las instituciones universitarias no reaccionaron con un cambio de paradigma. Por el contrario, operaron bajo lo que podríamos llamar una demencia institucional: siguieron haciendo las cosas como si el escenario no hubiera cambiado, repitiendo fórmulas de un pasado que ya no tenía sustento material.
Hoy, esa demencia ha mutado en algo más peligroso: el negacionismo institucional. Al encontrar mecanismos modernos e innovadores para «oxigenar» el sistema -vía financiamientos externos, fundaciones propias o venta de servicios-, las conducciones «optan» por darle la espalda a la lucha estructural de sus trabajadores. Bajo la excusa de la eficiencia técnica y la creatividad para «salvar los muebles», están validando de facto el ajuste. Están demostrando una agilidad que en momentos de flujo ni siquiera se atrevieron a imaginar, pero lo hacen opacando la lucha docente y Nodocente, y confirmando ante el poder central que el recorte era, después de todo, ejecutable.

El experto disciplinar y la orfandad política
Esta desconexión tiene una raíz estructural en la formación de quienes dirigen el sistema de ciencia, tecnología y universitario. Por un lado, tenemos a los docentes e investigadores, y por otro, a los equipos de gestión Nodocente, que constituyen la arquitectura institucional invisible que permite mantener en pie el sistema. En la cima, el funcionariado (Rectores, Vicerrectores y Secretarios) ocupa cargos de naturaleza eminentemente política.
Sin embargo, el sistema está diseñado para que los académicos gestionen, bajo la premisa de que la excelencia en el grado o posgrado se traduce en capacidad de gestión. Pero la trayectoria académica no es proporcional a la pericia política. Geólogos, contadores, biólogos o arquitectos de renombre se encuentran hoy dirigiendo instituciones complejas frente a una política de choque para la cual sus herramientas disciplinares -que representan el 95% de su expertise- son insuficientes. No es lo mismo administrar el flujo que gestionar la incertidumbre y la restricción. Al no ser cuadros políticos de formación, quedan aislados de los debates profundos y los avatares partidarios los toman por sorpresa.

La seducción del intelectual y el desembarco de los gestores
Este contraste se refleja en la figura presidencial. Su ascenso fue el de un intelectual que ofrecía una doctrina económica liberal inspiradora y de gran penetración en jóvenes votantes y en una gran parte de la población desencantada con lo conocido. La sociedad, en su dificultad para determinar el rol efectivo del Estado, parece haber votado esa elocuencia, apostando a un horizonte filosófico pero dejando de lado o acaso, jamás interpelándose por el «cómo».
Pero una vez en el poder, se produjo un desplazamiento: la gestión real fue delegada en personajes cuyo activo no es la teoría, sino el know-how de la vieja política y la gestión de choque. Mientras el discurso se mantiene en la doctrina, la ejecución queda en manos de segundas y terceras líneas que saben operar las palancas del Estado de forma pragmática. Esta dualidad genera la máxima tensión: un relato intelectual que se ejecuta con las herramientas más conocidas de la gestión tradicional.
El intelectual como arquitecto y el control social
Frente a este vacío, el rol superador del intelectual debe ser el de un traductor: aquel que logre el match entre la ideología (el horizonte filosófico) y el cotidiano de la política pública. No puede ser alguien que se refugie en la academia para dar una clase virtual cada quince días; debe ser quien dote de sentido a la acción técnica e impregne e ilumine los debates públicos.
Nadie discute qué funciones debe afrontar el Estado en tanto garante de derechos. Su capilaridad social estratégica (en términos de Oszlak) es irremplazable. Sin embargo, no podemos seguir persiguiendo quimeras de innovación que mueren en acuerdos personales sobre un andamiaje inexistente. Propongo una salida que incluya una instancia de control social e intelectual comunitario, similar a una Defensoría del Pueblo, pero con una matriz de pensamiento crítico. Un espacio técnico con voz y probada incidencia donde la ciudadanía participe y rediscuta las políticas públicas junto a los intelectuales que les dan sentido.

Conclusión: Salir del asombro
En un mundo de información fragmentada, en el cual desde millennials a la generación alfa son bombardeados constantemente, los discursos vacíos ya no alcanzan. Lo que hoy se vuelve imperativo es la propuesta concreta. Debemos entender que, si la esperanza no tiene acción, es simplemente fe; y la fe es insuficiente para gestionar una organización, menos aún un sistema, demasiado lejos, una nación.
La salida no es dicotómica – izquierda o derecha-, sino programática. Requerimos un nuevo acuerdo social basado en ejes fundantes: ambiente, obra pública, educación, salud, deporte, disidencias, derechos humanos, vivienda y todos los otros temas que la sociedad pueda determinar. La única manera de garantizar a la ciudadanía una protección real es a través de una salida política integral: intelectuales, académicos, gestores y técnicos trabajando en un programa de gobierno concreto que abandone el asombro y retome la iniciativa. Es hora de que la arquitectura del Estado deje de servir a la supervivencia de una casta y empiece a tener a la gente presente en el centro de su diseño y control.
Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.
Opinión
La Encrucijada de la IA: Moda o Soberanía
Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

Estamos inmersos en un momento de avances exponenciales de la Inteligencia Artificial (IA). Esta carrera tecnológica, impulsada por el sector privado, genera nuevas oportunidades, pero también expone complejidades estructurales profundas en sociedades como la latinoamericana y la argentina en especial, agravadas ahora por el desfinanciamiento estatal.
Detrás de palabras y conceptos como costo, lucidez e inclusive debatiendo sobre la Paradoja de la Modernización, es crucial entender que no incorporar tecnología es, de hecho, más costoso que hacerlo. La adopción requiere una «lucidez estratégica»: un rediseño consciente y deliberado que entienda que lo que se hace se puede hacer mejor. Pero que de ninguna manera la IA reemplaza ni a las personas ni a sus responsabilidades.
Como dos caras de una moneda:
El sector privado actúa deliberadamente para maximizar la ganancia. Moderniza con celeridad, buscando mejorar procedimientos, presentándose a la vanguardia y el desarrollo, y poniendo en valor la IA.
El sector público, cuyo fin es social, a menudo responde al llamado de la modernización con el desfinanciamiento, con recorte y achicamiento. La negación a incorporar la IA transversalmente como tecnología que permita innovar, claramente es no estratégica, pues la sociedad ya la está utilizando, generando una distancia creciente entre ambos mundos.
Acá nos encontramos con el problema de la falsa dicotomía, la creencia simplista de que el privado es inherentemente más moderno y brillante. Esta visión es escasa, pues las personas en ambos sectores utilizan tecnología personal (smartphones, herramientas de IA como Gemini, ChatGPT, etc.).
La diferencia reside en la cultura organizacional: en el privado, la modernización se transparenta y premia; en el público, no está institucionalizada y a veces se castiga la desviación del proceso tradicional.
A no preocuparse, porque no todo es tan sombrío y acaso para evitar un futuro distópico, la solución reside en construir una soberanía tecnológica y digital más horizontal.
Esto nos propone:
Divulgación y Conocimiento: las sociedades y los individuos deben entender el impacto de la tecnología y la IA en todas las instituciones. Este conocimiento es la base para que los ciudadanos puedan defender, construir y validar las reformas necesarias.
Espacios de Co-creación: es imperativo crear espacios público-privados, liderados con la participación activa de la sociedad civil, tecnólogos, divulgadores y directores de proyectos.
Gobierno Abierto: estos espacios deben estar anclados en los principios de Gobierno Abierto: participación ciudadana, innovación, transparencia y rendición de cuentas.
Solo a través de esta colaboración estratégica y una ciudadanía informada, el Estado podrá evolucionar tecnológicamente no solo para sobrevivir, sino para construir un futuro donde la tecnología sirva a fines sociales amplios, y no solo a la maximización de la ganancia privada.
Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.





