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Opinión

La Justicia perdió el juicio

Nota de opinión por Lic. Javier García Guerrero, ex Asesor del Bloque del Frente para la Victoria de la Legislatura Rionegrina.

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Rusia, Suecia y Francia presentan 43,9, 49,4 y 75,8 abogados cada 100.000 habitantes, en la ciudad autónoma de Buenos Aires hay 2.300 abogados/100.000 habitantes, un número cincuenta veces mayor. En la Argentina entre 2016 y 2017 en las facultades de derecho ingresaron más de 85.000 mil y egresaron 22.530 una cifra superior al total de los abogados matriculados en Francia. ¿Cómo hace un país como Francia con un 50% más de población y con un producto bruto interno que sextuplica al de la Argentina para tener tan pocos litigios? Concibieron una sociedad diferente, no porque sean desarrollados, ni porque no haya conflictos Son desarrollados porque piensan la sociedad de otra forma y gestionan sus recursos en consecuencia. En la Argentina desde 1917 hasta el 2000, se emitieron 5 mil matrículas de abogados, desde 2001 hasta la actualidad, se aprobaron 6.500 matrículas nuevas, uno de cada tres graduados anualmente es un abogado o un egresado de ciencias económicas, en ciudades como Paraná o San Juan el 40% de los abogados tiene menos de 10 años de recibidos,

Cada 100 ingresantes en la Universidad Nacional de Córdoba se gradúan 40,4 alumnos en la Universidad Nacional de Rosario 33 y el la Universidad Nacional del Comahue apenas 5,6 completan su graduación. La incongruencia con las necesidades de desarrollo e infraestructuras argentino es evidente. Igualmente, la demanda de esas titulaciones en Derecho no decae, las dificultades para acceder al ejercicio profesional son disímiles. En las universidades estatales argentinas, por cada ingeniero se gradúan 2,4 abogados, mientras que en las universidades privadas la cifra asciende a 20 abogados por cada ingeniero.

“La Argentina tiene un promedio de 500 policías por cada 100 mil habitantes. Una barbaridad. Naciones Unidas recomienda un 250 policías por cada 100 mil habitantes” afirma con contundencia la ministra de Seguridad designada, Sabina Frederic. Río Negro con 7.300 agentes, se ubica en el 5ª lugar en número de policías por habitante, pese a que en población ocupa el 15º lugar de la Argentina. El gobernador de Rio Negro anunció exultante que las políticas que implementó en 8 años de gobierno determinaron que la cantidad de efectivos policiales de su provincia cuadruplica las recomendaciones internacionales alcanzando los 954/100.000 hab. Es consistente con su visión de la sociedad organizada y ordenada por la vigilancia y el castigo.

El sobredimensionamiento del aparato punitivo y su politización ha encontrado sus límites. El número de juicios postergados (ej: previsionales) o prescriptos (ej: Abuso Sexual Infantil, corrupción) y la impunidad de los cortesanos del poder, está generando un creciente malestar social. No ha llamado la atención que protagonistas de las luchas sindicales acumulen a ritmo vertiginoso numerosas causas penales, ni que estas se desactiven cuando se establece una alianza con el poder gubernamental por la paz social pese a la caída vertical del empleo y el poder adquisitivo de los asalariados, se sabe que es la mejor forma de proyectarse a los planos nacionales. Bajo este sistema resulta igualmente previsible que se apruebe la posibilidad de reelección indefinida del gobernador oponiéndose a cualquier antecedente de la Corte Suprema de la Nación que naturalmente la desestimó de inmediato. Se conoce el resultado de un juicio o de una instancia previamente con solo conocer los nombres de las partes y el juez a cargo. las leyes son viciosamente despreciadas y mal interpretadas, se desprecia la ecuanimidad y la justicia es ofendida a diario por la realidad de los veredictos.

No hay imperativos por que se realice el trabajo pendiente, los jueces viajan, se capacitan en lugares interesantes. Mientras en las cárceles, más de la mitad de los detenidos, lo está sin condena judicial. Como la ley permite la detención preventiva con fines de investigación hasta por dos años, los presos pueden esperar de tres a seis años antes de ser juzgados, a menos que tengan un “buen abogado” y no hayan disgustado al poder de turno. ¿Los defensores públicos? Es habitual que al igual que los defensores de menores falten en un buen número de audiencias. Está establecida por ley existencia de una Auditoría del Poder Judicial que verifique la calidad de los servicios de justicia brindados por los distintos juzgados. Durante 7 de los 8 años del Gobernador Weretilneck se mantuvo vacante y durante el año transcurrido de su funcionamiento, no han trascendido informes de su accionar ni la programación de su ciclo de auditoría.

El 73% de las personas actualmente preso, cometió un delito por primera vez, el 45% fue detenido durante 2016 o 2017. En EE.UU. las estadísticas revelan que por lo menos el 13 % de los presos han sido agredidos sexualmente. La provincia de Río Negro es la de Argentina que más detenidos por violación/habitante tiene en sus cárceles. El costo presupuestario de las prisiones preventivas en la Argentina supera los 100 millones de dólares anuales. La cantidad de presos aumentó un 190% durante los últimos 20 años. En el período 2008/2016 mientras la cantidad de presos por habitante caía en toda Latinoamérica, en la Argentina aumentaba el 24% y aún continúa haciéndolo pese al hacinamiento carcelario. Durante el gobierno de Macri, aumentó un 23% adicional. Pese a que la tasa de delitos habitantes bajó un 2% en 2017, pero la tasa de encarcelamientos subió un 10,86%. En 2018 las cárceles sumaron un 12% de detenidos mientras que la población aumentó sólo un 1%. una suba inédita desde 2003 cuando el país se debatía en medio de la gran crisis económica. De las más de 40.000 personas que han pasado tiempo detenidas sin sentencia el 30% recupera su libertad dentro de los seis meses absueltas o puestas en libertad sin ser juzgadas. Otras pueden ser declaradas culpables de delitos menores que no conllevan una sentencia en prisión o pueden recibir sentencias de penas menores que el tiempo que pasaron detenidas. Un número más importante aún permanece como rehén de causas armadas sin pruebas a modo de chantaje o inhabilitación mediática.

No todo es Negro como las togas, los magistrados cobran en blanco libre de impuestos, más que el presidente de España o Francia, el precio de esos privilegios es el sometimiento estricto al poder político, acompasando el ritmo de las causas a lo que se converse en los asados o surja de la lectura de los diarios.

Según un estudio realizado para la Universidad Austral en más de 160 años de historia institucional argentina se realizaron 59 juicios políticos a jueces federales en los que se dictaron 46 destituciones, 28 de ellas en los últimos 26 años. En Río Negro durante el mismo período se destituyó a 9 jueces. Desde 1996 el Consejo de la Magistratura de Río Negro encabezó 20 juicios políticos. Seis de ellos terminaron en suspensiones de entre 3 y 60 días. Otros cuatro culminaron con la absolución de los magistrados o funcionarios sometidos a proceso. Un juez fue apercibido y nueve fueron destituidos. Es el único proceso judicial a funcionarios públicos que se acelera, los últimos cinco juicios políticos terminaron con una única decisión: destitución, de los nueve magistrados y funcionarios removidos, cuatro lo fueron en los últimos 15 meses, el resto ya entendió quién manda.

Ganar un concurso para servir café en el poder judicial o en la legislatura con el menor ritmo de sesiones de la democracia, es mejor que ganar una beca de estudios y casi lo único que evita la segura emigración de los hijos.

Si consideramos el peso presupuestario del poder judicial que solicitó para el próximo año un aumento del 73% sobre su ya abultado presupuesto el peso de las restantes fuerzas de seguridad, los bomberos, los servicios de inteligencia, el periodismo adicto de la posverdad, los abogados del poder, los punteros políticos, los parientes y amigos/as sobre el erario público, comprenderemos porque aumenta la desigualdad al mismo tiempo que el reparto, la explotación sexual de menores y la trata laboral sin que medien denuncias de los intendentes, el aumento simultáneo del empleo policial y judicial a la par del desempleo juvenil y femenino, como se multiplican las inauguraciones de comisarías, juzgados y destacamentos, mientras disminuye la construcción de viviendas, entenderemos por qué son cada vez más frecuentes los accidentes de tránsito mientras se demoran la construcción de las rutas. Dijo un periodista rionegrino de Choele Choel, “lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”, su ejemplo nos acompaña y nos guía, Gracias Rodolfo Walsh.

Lic. Javier García Guerrero.
Ex Asesor del Bloque del Frente para la Victoria de la Legislatura Rionegrina.

Opinión

Más allá del diagnóstico: La necesidad de una salida con contenido

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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¿Cuánto más se puede decir del estado actual de las cosas? Esta mezcla de novedad y continuidad, esta cotidianeidad que venimos habitando, nos fuerza muchas veces a una suerte de parálisis, obligándonos a detenernos indefinidamente en el diagnóstico. Nos enfrentamos, una vez más, cara a cara con sorpresas previsibles: es la sensación de que asistimos a «más de lo mismo», con el agravante de que ese «lo mismo» es, cada vez, peor.

Esta realidad no es abstracta; es una fuerza complicada que está tensionando transversalmente a la Argentina. Tensa a los individuos, a las familias y a los hogares, pero también erosiona a las instituciones, a los partidos políticos y a las organizaciones sociales en su conjunto. Estamos ante un escenario tan complejo como hondo, donde conviven la complicidad de algunos sectores con un agotamiento social generalizado. Es el agotamiento de quienes dijeron «no» a lo anterior para decir «sí» a esto, y que hoy se encuentran en la encrucijada de decir «no» a esto, sin querer regresar a lo otro. En ese limbo, la construcción de una salida institucional sigue siendo una asignatura pendiente.

La trampa de la reactividad: El vacío de la alternativa

En este escenario, lo que queda peligrosamente a la vista es un modelo de gestión de la oposición —tanto institucional como política— que es meramente reactivo en lugar de propositivo. Esta es una falencia generalizada que atraviesa a representantes políticos, sindicales y partidarios por igual: el gobierno nacional impone condiciones y la respuesta carece de propuestas superadoras. Las estructuras tradicionales se mueven siempre un paso por detrás de lo previsible, persiguiendo un modelo oficial que se percibe como arrasador.

Lo más alarmante no es el contenido de lo que se negocia, sino la incapacidad técnica para proyectar algo distinto. Nos enfrentamos a paritarias que no funcionan, a presupuestos que son jirones de la realidad y a discusiones por servicios básicos que parecen vaciadas de sentido. El rol de sindicatos, gobernadores y legisladores se ha degradado al de simples acompañantes de la coyuntura. Mientras se transita esa urgencia, no se está proyectando un plan de salida relevante. Esta reactividad es especialmente compleja en las universidades, donde ciertas conducciones operan como oposición política nacional pero como oficialismos institucionales, quedando atrapadas en la misma falta de iniciativa propositiva.

De la demencia al negacionismo: La inercia institucional de parte del sistema de CyT

Para entender la parálisis de quienes deben conducir, es necesario observar su comportamiento reciente. Tras el punto de inflexión de diciembre de 2023, cuando el flujo de recursos se detuvo abruptamente y las partidas dejaron de llegar, las instituciones universitarias no reaccionaron con un cambio de paradigma. Por el contrario, operaron bajo lo que podríamos llamar una demencia institucional: siguieron haciendo las cosas como si el escenario no hubiera cambiado, repitiendo fórmulas de un pasado que ya no tenía sustento material.

Hoy, esa demencia ha mutado en algo más peligroso: el negacionismo institucional. Al encontrar mecanismos modernos e innovadores para «oxigenar» el sistema -vía financiamientos externos, fundaciones propias o venta de servicios-, las conducciones «optan» por darle la espalda a la lucha estructural de sus trabajadores. Bajo la excusa de la eficiencia técnica y la creatividad para «salvar los muebles», están validando de facto el ajuste. Están demostrando una agilidad que en momentos de flujo ni siquiera se atrevieron a imaginar, pero lo hacen opacando la lucha docente y Nodocente, y confirmando ante el poder central que el recorte era, después de todo, ejecutable.

El experto disciplinar y la orfandad política

Esta desconexión tiene una raíz estructural en la formación de quienes dirigen el sistema de ciencia, tecnología y universitario. Por un lado, tenemos a los docentes e investigadores, y por otro, a los equipos de gestión Nodocente, que constituyen la arquitectura institucional invisible que permite mantener en pie el sistema. En la cima, el funcionariado (Rectores, Vicerrectores y Secretarios) ocupa cargos de naturaleza eminentemente política.

Sin embargo, el sistema está diseñado para que los académicos gestionen, bajo la premisa de que la excelencia en el grado o posgrado se traduce en capacidad de gestión. Pero la trayectoria académica no es proporcional a la pericia política. Geólogos, contadores, biólogos o arquitectos de renombre se encuentran hoy dirigiendo instituciones complejas frente a una política de choque para la cual sus herramientas disciplinares -que representan el 95% de su expertise- son insuficientes. No es lo mismo administrar el flujo que gestionar la incertidumbre y la restricción. Al no ser cuadros políticos de formación, quedan aislados de los debates profundos y los avatares partidarios los toman por sorpresa.

La seducción del intelectual y el desembarco de los gestores

Este contraste se refleja en la figura presidencial. Su ascenso fue el de un intelectual que ofrecía una doctrina económica liberal inspiradora y de gran penetración en jóvenes votantes y en una gran parte de la población desencantada con lo conocido. La sociedad, en su dificultad para determinar el rol efectivo del Estado, parece haber votado esa elocuencia, apostando a un horizonte filosófico pero dejando de lado o acaso, jamás interpelándose por el «cómo».

Pero una vez en el poder, se produjo un desplazamiento: la gestión real fue delegada en personajes cuyo activo no es la teoría, sino el know-how de la vieja política y la gestión de choque. Mientras el discurso se mantiene en la doctrina, la ejecución queda en manos de segundas y terceras líneas que saben operar las palancas del Estado de forma pragmática. Esta dualidad genera la máxima tensión: un relato intelectual que se ejecuta con las herramientas más conocidas de la gestión tradicional.

El intelectual como arquitecto y el control social

Frente a este vacío, el rol superador del intelectual debe ser el de un traductor: aquel que logre el match entre la ideología (el horizonte filosófico) y el cotidiano de la política pública. No puede ser alguien que se refugie en la academia para dar una clase virtual cada quince días; debe ser quien dote de sentido a la acción técnica e impregne e ilumine los debates públicos.

Nadie discute qué funciones debe afrontar el Estado en tanto garante de derechos. Su capilaridad social estratégica (en términos de Oszlak) es irremplazable. Sin embargo, no podemos seguir persiguiendo quimeras de innovación que mueren en acuerdos personales sobre un andamiaje inexistente. Propongo una salida que incluya una instancia de control social e intelectual comunitario, similar a una Defensoría del Pueblo, pero con una matriz de pensamiento crítico. Un espacio técnico con voz y probada incidencia donde la ciudadanía participe y rediscuta las políticas públicas junto a los intelectuales que les dan sentido.

Conclusión: Salir del asombro

En un mundo de información fragmentada, en el cual desde millennials a la generación alfa son bombardeados constantemente, los discursos vacíos ya no alcanzan. Lo que hoy se vuelve imperativo es la propuesta concreta. Debemos entender que, si la esperanza no tiene acción, es simplemente fe; y la fe es insuficiente para gestionar una organización, menos aún un sistema, demasiado lejos, una nación.

La salida no es dicotómica – izquierda o derecha-, sino programática. Requerimos un nuevo acuerdo social basado en ejes fundantes: ambiente, obra pública, educación, salud, deporte, disidencias, derechos humanos, vivienda y todos los otros temas que la sociedad pueda determinar. La única manera de garantizar a la ciudadanía una protección real es a través de una salida política integral: intelectuales, académicos, gestores y técnicos trabajando en un programa de gobierno concreto que abandone el asombro y retome la iniciativa. Es hora de que la arquitectura del Estado deje de servir a la supervivencia de una casta y empiece a tener a la gente presente en el centro de su diseño y control.

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Opinión

La Encrucijada de la IA: Moda o Soberanía

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Estamos inmersos en un momento de avances exponenciales de la Inteligencia Artificial (IA). Esta carrera tecnológica, impulsada por el sector privado, genera nuevas oportunidades, pero también expone complejidades estructurales profundas en sociedades como la latinoamericana y la argentina en especial, agravadas ahora por el desfinanciamiento estatal.

Detrás de palabras y conceptos como costo, lucidez e inclusive debatiendo sobre la Paradoja de la Modernización, es crucial entender que no incorporar tecnología es, de hecho, más costoso que hacerlo. La adopción requiere una «lucidez estratégica»: un rediseño consciente y deliberado que entienda que lo que se hace se puede hacer mejor. Pero que de ninguna manera la IA reemplaza ni a las personas ni a sus responsabilidades.

Como dos caras de una moneda:

El sector privado actúa deliberadamente para maximizar la ganancia. Moderniza con celeridad, buscando mejorar procedimientos, presentándose a la vanguardia y el desarrollo, y poniendo en valor la IA.

El sector público, cuyo fin es social, a menudo responde al llamado de la modernización con el desfinanciamiento, con recorte y achicamiento. La negación a incorporar la IA transversalmente como tecnología que permita innovar, claramente es no estratégica, pues la sociedad ya la está utilizando, generando una distancia creciente entre ambos mundos.

Acá nos encontramos con el problema de la falsa dicotomía, la creencia simplista de que el privado es inherentemente más moderno y brillante. Esta visión es escasa, pues las personas en ambos sectores utilizan tecnología personal (smartphones, herramientas de IA como Gemini, ChatGPT, etc.).

La diferencia reside en la cultura organizacional: en el privado, la modernización se transparenta y premia; en el público, no está institucionalizada y a veces se castiga la desviación del proceso tradicional.

A no preocuparse, porque no todo es tan sombrío y acaso para evitar un futuro distópico, la solución reside en construir una soberanía tecnológica y digital más horizontal.

Esto nos propone:

Divulgación y Conocimiento: las sociedades y los individuos deben entender el impacto de la tecnología y la IA en todas las instituciones. Este conocimiento es la base para que los ciudadanos puedan defender, construir y validar las reformas necesarias.

Espacios de Co-creación: es imperativo crear espacios público-privados, liderados con la participación activa de la sociedad civil, tecnólogos, divulgadores y directores de proyectos.

Gobierno Abierto: estos espacios deben estar anclados en los principios de Gobierno Abierto: participación ciudadana, innovación, transparencia y rendición de cuentas.

Solo a través de esta colaboración estratégica y una ciudadanía informada, el Estado podrá evolucionar tecnológicamente no solo para sobrevivir, sino para construir un futuro donde la tecnología sirva a fines sociales amplios, y no solo a la maximización de la ganancia privada.

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Opinión

¿Publicidad electoral gratuita? Para los medios, un costo que nadie reconoce

Nota de opinión por Emilio Occhionero, periodista y socio gerente de Medios Roquenses SRL.

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En cada proceso electoral se repite la misma escena: los medios de comunicación legalmente habilitados recibimos órdenes y cronogramas para transmitir espacios de publicidad electoral gratuita. Y, como corresponde a la ley, cumplimos. Sin embargo, pocas veces se habla del costo real que este esquema implica para las radios locales como La Súper FM 96.3, que somos parte activa de la vida comunitaria de General Roca.

Es que a través de la Ley N° 26.571, se fijó la prohibición por parte de las agrupaciones políticas de adquirir espacios en medios de comunicación audiovisual para transmitir publicidad electoral. A raíz de ello, debemos disponer de los espacios asignado mediante sorteo público durante el período de campaña en medios audiovisuales. En otras palabras, financiamos a los partidos políticos.

Y a nosotros, ¿quién nos financia? Muchas veces me preguntaron, ¿las radios de que viven? Vivimos de la publicidad, esa que se escucha cada vez que el conductor de un programa dice vamos a la pausa y volvemos. Si, esos minutos de aire, son los que nos permiten vivir día a día, pagar salarios, servicios e impuestos.

Nuestra emisora –como tantas otras del país– atraviesa un contexto económico crítico. Las tarifas de electricidad y gas aumentan, los impuestos como los de la utilización del éter radial, también. No existen beneficios específicos para los medios, y la pauta publicitaria oficial del gobierno nacional se redujo a cero, como lo dijo el presidente Javier Milei desde el día que asumió. En definitiva, debemos sostener estructuras, personal, equipos y servicios casi sin ingresos fijos, con costos crecientes y sin apoyos estatales.

En ese escenario, la obligación de dar minutos de programación para publicidad electoral gratuita es, en realidad, un esfuerzo económico que sale directamente del bolsillo de los propios medios. Es tiempo que dejamos de vender a anunciantes privados, es contenido que dejamos de producir y, en definitiva, es dinero que dejamos de ingresar. Así, terminamos financiando involuntariamente la campaña de los mismos dirigentes que luego deciden sobre tarifas, beneficios y regulaciones para el sector, incluso que determinan sus propios aumentos salariales.

No cuestionamos el derecho de los partidos políticos a difundir sus propuestas. Por el contrario, somos espacios abiertos al debate democrático. Pero la actual normativa necesita una revisión urgente: si el Estado exige transmisión obligatoria, también debe reconocer los costos y garantizar algún tipo de compensación, pauta o beneficio fiscal que equilibre la carga.

De otro modo, las emisoras locales, sobre todo, quedamos en una situación asfixiante y desigual frente a otros actores mediáticos que no tienen estas obligaciones.

Es hora de discutir con seriedad un sistema que permita sostener tanto la pluralidad de voces como el derecho de la ciudadanía a informarse. Las radios comerciales locales y comunitarias no podemos seguir soportando solas un gasto que no generamos y que, además, compromete nuestra supervivencia. La Democracia necesita medios fuertes e independientes, no medios debilitados por normativas que, aunque bienintencionadas, terminan siendo injustas.

Emilio Occhionero
Periodista – Socio gerente de Medios Roquenses SRL, propietaria de LRG 746 La Super Radio FM 96.3 y www.lasuperdigital.com.ar

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