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Opinión

100 días y coronavirus

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor político.

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Ingresamos en la semana en que todos los gobiernos asumidos el pasado 10 de diciembre cumplirán sus primeros 100 días de gobierno. Y no será una semana más como tantas otras, sino una semana crucial, ya que puede ser el momento en que se inicie la mayor crisis sanitaria que nuestro país, nuestra provincia y ciudad, hayan tenido en toda su historia.

En el orden nacional la presión se siente mucho mayor al resto de las jurisdicciones subnacionales, ya que los ojos de la sociedad no solo están puestos en ver como Ginés González García manejan la crisis sanitaria producida por el coronavirus, sino también en cómo Martín Guzmán se las arregla para mantener el actual status quo recesivo de nuestra economía, evitando la temida depresión que podría causar una explosión sanitaria al estilo italiano. En aquel país el confinamiento de los habitantes en sus casas y el cierre preventivo de la mayoría de los comercios e industrias puede ser sobrellevado por sus ciudadanos, empresarios y comerciantes, gracias al potencial económico que lo sustenta. En nuestro país igual medida podría significar el revival de los cacerolazos del 20/21 de diciembre de 2001 que marcharon al grito de “que se vayan todos”.

Si bien la imagen del presidente aún es buena (+13% diferencial positivo) el horno no está para bollos. El enojo, la decepción y frustración de la gente es mucho mayor (44%) que su alegría y satisfacción (25%). Y además al nivel aprobatorio de la gestión no le sobra nada; apenas ostenta un 1% de diferencial positivo (48% desaprueban, 49 aprueban).

Por supuesto que cada lugar es un mundo distinto y estos datos que te cuento pueden variar a lo largo y ancho de todo el país, ya que solo representan una muestra recogida sobre el territorio rionegrino, pero descreo que su alteración sea significativa.

Por ahora la Tarjeta Alimentar y el congelamiento de tarifas mantienen la calma, pero ya sabemos lo irritable que puede resultar la clase media cuando ve empeorar sus condiciones de vida que, huelga decirlo, ya está al límite.

Los precios siguen subiendo. Los sueldos (o ingresos en general) no mejoran. La incertidumbre es alta. Y una explosión del coronavirus que obligue tomar medidas a la italiana pondría en peligro la estabilidad de miles de empleos de pequeñas y medianas empresas y comercios que ya se encuentran al borde de sus capacidades de resistencia.

En el orden provincial la presión es mucho menor. Nuestra gobernadora juega con el hándicap que la sociedad visualiza que sus mayores problemas se solucionan o son responsabilidades del ejecutivo nacional y no del provincial. Aun así no está librada de tener que responder por sus responsabilidades, especialmente las sanitarias ya que de ella depende la salud pública rionegrina. Y en este sentido, ayer, al hacerse cargo de la situación vía el Decreto de declaración de emergencia sanitaria, dio muestra cabal de estar a la altura de las circunstancias. Podríamos afirmar que Arabela terminó su curso acelerado de gobierno de 100 días y se recibió de Gobernadora.

Y en ese sentido no es casual la foto que publicaran junto al senador Alberto Weretilneck -tan reclamada por la prensa que sembraba todo tipo de sospechas en esa relación- mostrando que el mando es unipersonal, de ella, y él es su apoyo.

Como bien dice el refrán, “ningún mar en calma hizo grande a un capitán”. En momentos de crisis es cuando emergen esos líderes que sin temor al costo político que deban pagar a posteriori, no tienen empacho en prometerle a sus gobernados solo “sangre, sudor y lágrimas”. El 2023 está en otra galaxía, en otra vida. Hoy urge el minuto a minuto de las circunstancias. La vista solo alcanza para llegar a mañana. Y en este barco de una sola capitana o un solo capitán estamos todos. Todos los rionegrinos incluyendo a Weretilneck y todos los argentinos incluyendo a Macri.

Mauricio Macri que, justamente ayer también, publicó un tuit pidiéndole a todos sus fieles tranquilidad y confianza, y apoyando fuertemente al gobierno de Alberto Fernández.

Esas, las de Weretilneck y Macri son las actitudes que esperan los gobernados de sus gobernantes. No la mezquindad moral mostradas por algunos dirigentes peronistas rionegrinos al que el traje de representante de la ciudadanía les queda muy grande.

Me refiero a los peronistas que emiten comunicados políticos contra la gobernadora, intentando sacar rédito de la crisis del coronavirus en ciernes, pero también a su dirigencia provincial que, en medio de semejante situación que nos tiene en vilo a la sociedad toda, se embarcan en una disputa menor y chiquita como su interna de renovación de cargos.

Nada ejemplifica mejor el alejamiento del PJ rionegrino de la sociedad que la interna provincial que pusieron en marcha justo ahora y discuten abiertamente por los medios. Pareciera que viven en otro planeta.

Y debe ser, justamente por esa razón, que cuando le preguntamos a los rionegrinos quienes son los políticos en los que más confían y les pedimos que los ordene en una grilla de mayor a menor, arma este ranking:

En política la confianza es el mayor activo, ya que sin ella no hay voto posible. La confianza es consecuencia de la reputación. Y la reputación se construye arduamente, día a día, con las acciones que se desarrollan; no con las palabras que se vociferan. Con los hechos. Y los hechos que genera el peronismo rionegrino, están muy, muy lejos de las demandas y expectativas del electorado.

El 2023 está en otra galaxia, en otra vida. Hoy urge el minuto a minuto de las circunstancias. La vista está puesta en llegar a mañana.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor político.

Opinión

Las Universidades, para qué?

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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En estos días es habitual oír los problemas que enfrenta el sistema educativo, por el desfinanciamiento que está sufriendo. 

Y rápidamente podemos preguntarnos cuál sería el problema y por extensión, por el rol clave que deberían cumplir, en especial las universidades. 

En primera medida servir de espacio de contención socio cultural para quienes pretendan formarse y contar con nuevas herramientas para avanzar en la vida, y segunda y quizá tenida menos en cuenta, generar conocimientos valiosos para la comunidad en su conjunto. 

Si hay algo que uno espera de la educación superior, (de las universidades) ese lugar donde se produce el conocimiento, es que corran los límites, que vayan más allá, que incomoden todo aquello que sea necesario para poder avanzar. 

En este sentido, las ciencias sociales, esas con las que convivimos, ya que nos revisan en eso que nos define como sociedad, como individuos y como humanos, tendrán mucho para aportar. 

Claramente el estado, pero no únicamente el nacional, decide qué financiar y por ende qué no. Pensemos por un momento un gobierno provincial e inclusive algunos gobiernos locales (municipio y comunas), financiando proyectos de investigación en la creencia y seguridad de que eso que se investigue, aportará nuevas ideas, conocimientos y herramientas para su gestión. 

Pero claro, hoy pareciera que las cosas son distintas. Quienes ocupan cargos de gestión, con su trabajo cotidiano nos responden a la preguntá ¿qué se hace?, ya que es su cotidiano. Mientras que quienes investigan en políticas públicas, ciencias de la administración y todo lo referido a la administración pública, nos responderían a ¿qué se podría hacer? 

Hay algo hasta increíble en la separación que tiene hoy la academia con la gestión gubernamental, los investigadores en lo estatal por un lado y los cargos electivos y funcionarios por otros. Si bien son dos conocimientos diferentes, el que se consigue estudiando y el que se consigue haciendo, en algún momento deberían encontrarse. 

Pero claro, quién financiaría aquello que lo incomode, que lo exhiba, que revele sus falencias, inclusive aparece cierta complicidad por parte del sistema ya que esos avances pueden a las claras incomodar la capacidad de gestión de quienes ocupan cargos en las propias instituciones educativas. 

Complicidad de dos lados, dos caras de una moneda que lógicamente no se encuentra, más que en un borde que investiga y aporta sobre cosas cómodas, relatos de una historia sabida y que recopila los datos ya conocidos. 

En esa misma rueda, los trabajadores de la investigación atrapados, ya que se les reconoce y se los obliga a investigar y se les financia aquellas cosas que no molesten. 

Existen problemas de financiamiento, claro, pero ojo no son los únicos. 

Si queremos salir de los problemas que presenta el sistema, sin salir del sistema, deberemos cambiar lo que se deba, corregir lo que se necesite y abrir las administraciones. 

Conseguir que política y conocimiento se amiguen, caso contrario el pozo será cada vez más hondo y la falta de dinero, pasará a ser, el menor de los problemas. 

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Opinión

Del otro lado, nosotros

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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En estos tiempos tan veloces de vivir, son pocos los momentos en que nos detenemos a tratar de comprender qué nos pasa, más allá del bolsillo.

Ahora es fácil confundir el síntoma con la causa, la consecuencia con la fuente del problema. Seguir discutiendo en circularidad de lo obvio: el dinero no alcanza. Cuando, en realidad no somos capaces de repensar qué es lo que genera la situación.

Entonces traigo tres dicotomías tan vigentes y actuales (y pasadas, si lo son), como necesarias para incorporar, quizá mate mediante en un momento de reflexión:

La primera responde a la pregunta, ¿dónde estamos?

Rápidamente comprender que estamos inmersos en un sistema democrático, que es abonado por todas y todos, ejercido por las instituciones del estado, pero que muchas veces quien gobierna, impone, crea y establece las condiciones de gobernabilidad, traza las políticas e inclusive el plan de gobierno, es el poder económico privado. Nacional e internacional.

Lo que quiero aportar aquí es esta dicotomía de los “jugadores” de adentro y de afuera del sistema. Vecinas y vecinos serán de afuera, pudiendo aportar con sus participaciones a quienes sí están adentro, la clase dirigencial, políticos y funcionarios públicos. Pero ojo, no seamos tampoco ingenuos, porque quizá hasta ellos mismos, están afuera del sistema de decisión, del poder real. Su único diferencial es conocer el sistema, ser conscientes de su lugar y cumplir con su papel, hacer como que deciden, emular que pueden, abonar alguno de los dos lados de una grieta que no existe como tal.

Para la segunda pregunta, debemos pensar, ¿qué nos ofrecen?

Es que claro, si ellos que son quienes ocupan los cargos públicos, que los elegimos para que gobiernen, no pueden hacerlo porque a su vez son condicionados por los poderes económicos concentrados nacionales, qué nos queda esperar a los demás?

Por lo pronto comenzar a comprender esta segunda dicotomía en la que usualmente nos empantanamos al momento de relacionarnos con ellas/os, y que comprenderla nos dará la libertad de saber qué se nos dice. Esta dicotomía es doble, ya que confundimos los productos del accionar del estado con resultados de la política pública desarrollada y a la vez, el diagnóstico de la situación, con la posibilidad real de avanzar y construir propuestas.

Daré un breve ejemplo: una campaña de vacunación que alcance las 50 personas diarias evidentemente da cuentas de un trabajo (producto – personas vacunadas), pero no de un resultado ya que desconocemos el punto de partida, la situación problemática que se pretendía abordar y acaso el nivel de esfuerzo institucional comprometido y previsto (¿qué tasa pretendíamos mejorar con la vacunación? ¿Queríamos vacunar 50 o quizá el doble y no pudimos?). En este mismo sentido el diagnostico es necesario para saber dónde estamos, qué nos falta, cuál podría ser un punto de partida. Pero solo es eso, un estado de situación. Se requiere entonces avanzar, trascender, comprender que eso es la base a considerar para planificar propuestas que mejoren ese punto de partida. El diagnóstico lo podemos compartir casi todos, pero el plan de acción seguramente tenga lógicas y necesarias resistencias.

Para la tercera pregunta y la más complicada, debemos enfrentar un, ¿qué necesitamos?

Claramente es mi opinión, y parte de considerar que la mejor manera de cambiar las cosas, es participando activamente, conociendo las reglas y teniendo las herramientas y recursos contextuales para ser parte de una construcción que permita dar discusiones, debates e incidir en el diseño y ejecución de lo público.

Por ello, la tercera dicotomía propone que no necesitamos mártires, sino líderes. Esa idea remanente de los héroes en la historia que lo han dado todo por la liberación de los pueblos, de alguna manera invita a pensar en luchas colosales y sobresalientes de pocas/os iluminados y claramente la historia argentina de los últimos 200 años da cuenta que, si a esos proyectos no se los nutre de ideología de compromiso, se los oxigena con carne y participación, mueren antes de iniciar, o se extinguen con su fundador.

Aquí aportar otra dicotomía que se desprende del sistema y es actual en términos de no aportar más que nombres sin proyecto, y es que, no es lo mismo ganar una elección que gobernar. Esas alianzas que dicen lo que se quiere escuchar, o que apelan a lo que el otro ha hecho mal, por sobre proponer hacia dónde, ganan es cierto, pero rápidamente quedan expuestas al momento de tener que avanzar y resolver cómo y qué hacer dentro y desde el estado. Discursos biensonantes sobran, quizá lo que falta es conocimiento sobre el funcionamiento de la cosa pública, para tratar de comprender si eso que han planteado, es posible, probable, realismo mágico o acaso legal.

Poco tiene que ver la legitimidad que otorga un cargo ganado con la capacidad de gestionar programas y proyectos, todas/os votamos a un par que quizá nos cae bien, pero el haber sido votado no garantiza ni eleva a nadie por sobre la masa. Ese será el rol y desafío que el líder deba emprender en una comunidad politizada, conocedora y sobre todo con la claridad para defender lo propio.

Al final y del otro lado, nosotros tratando de comprender para dónde va la cosa, quizá no sea mucho, pero espero que alguna de estas ideas, de estos conceptos, de estos interrogantes queden resonando y permitan idolatrar un poco menos y comprometerse a debatir un poco más.

Federico Vasches
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Opinión

¿Por qué marchamos?

Nota de opinión por Nicolás Rochas, apoderado Frente Renovador Distrito Río Negro.

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Nunca nadie que haya llegado al cargo de Presidente había confesado abiertamente, que a su entender, el Estado Nación es «el problema». Porque destruir el Estado no nos hará libres, simplemente nos expondrá ante el mundo casi como bienes fungibles, una nueva especie de res nullius en un planeta organizado en torno a países soberanos.

Marchamos porque no se trata de estar «en contra», sino de advertir las consecuencias de decisiones nefastas y evitar pérdidas que serán irreparables.

Porque gobernar es asignar prioridades y no puede estar antes la ganancia de un banquero que la comida de la gente.

Porque la inflación no puede detenerse a fuerza de pulverizar el salario.

Porque la Cultura, la Ciencia, el Deporte o el Arte, nunca (jamás) son un gasto, sino la inversión a través de la que un pueblo se expresa, se identifica, se distingue y crece.

En poco más de un mes, el gobierno de Javier Milei devaluó en más del 100% la moneda, quitó subsidios, subió tarifas, frenó la obra pública, desfinanció al Estado (tanto Nacional como a las provincias) y desprotegió a todo inquilino, consumidor o usuario. El precio de los alimentos se dispara día a día, pero aún más se le adelantan los medicamentos. Hay una confesa pretensión de asignarle a la recesión la estrategia para frenar los precios (macabra convicción, la de pensar que «no hay inflación en los cementerios»).

En nuestra historia democrática jamás tuvimos un gobierno tan disociado de la realidad, tan ajeno al padecimiento, tan insensible y brutal.

Ganar el balotaje le otorgó la legitimidad para el ejercicio del Poder Ejecutivo, no la adquisición llave en mano de un país (que le avisamos: no está en venta). Ser el Presidente le da facultades para administrar los recursos del Estado, no la Suma del Poder Público, ni el cúmulo de facultades con que los constituyentes contaron en la conformación de la república. También por esto marchamos, para recordarle conceptos tan básicos que parecen habérsele olvidado; premisas tan antiguas como sus recetas económicas del siglo XIX.

Buena parte de la sociedad argentina lo votó en la esperanza de un cambio. Pero ese cambio debe serlo en la mejora del conjunto, no en la aniquilación de todo lo que a su criterio configura “un gasto”. Cuando hablamos de Patria, País o Estado, no nos referimos a cifras, variables o estadística, sino a personas, individuos, ciudadanos. Existencias reales que comen, sufren y sienten; no son likes, ni visualizaciones; son angustias de padres, pies descalzos y pancitas que chiflan si no hay pan sobre la mesa.

Marchamos por la responsabilidad histórica que importa proteger la soberanía y por la sensibilidad social de cuidar a los que menos tienen. Marchamos para advertir sobre las consecuencias que pueden ser aún más gravosas y para intentar corregir desequilibrios que se profundizarán de seguir el curso de las cosas. Marchamos porque es nuestro país el que están rifando, en un experimento en el que (como diría Serrat) «juegan con cosas que no tienen repuesto”. Por todo esto, y tantas otras cosas, el 24 de enero marchamos!

Nicolás Rochas
Apoderado Frente Renovador – Distrito Río Negro.

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